¡Qué ‘vaina’ con el ‘compliance’! Según el socio fundador de Risk Management and Compliance Consulting, Roberto Mella Cohn, un programa de cumplimiento no puede ser un simple papeleo que se guarda en una gaveta. Para que funcione de verdad, debe ser una guía clara que explique el cómo, el quién, el cuándo, con qué información y qué evidencia se debe guardar para cada medida. El ‘compliance’ no es un relajo, tiene que ser una herramienta viva y útil para el ‘tigueraje’ empresarial.
Mella Cohn, quien compartió sus ideas con elDinero durante el XXIX Congreso Internacional de Finanzas y Auditoría (CIFA) y el XXIV Seminario Latinoamericano de Contadores y Auditores (Selatca), recalcó un punto clave: muchas empresas arrancan con documentos prediseñados o genéricos. El lío no es tanto el inicio, sino que esos manuales se queden ‘fríos’, sin evolucionar ni adaptarse a la realidad y los riesgos específicos del negocio. La palabra clave aquí es adaptación, señores. Si no evoluciona, el manual se convierte en un simple adorno.
La permanencia de estos documentos sin una evolución constante es, según Mella Cohn, el verdadero problema. Un buen programa de cumplimiento debe ir creciendo y mejorando con la experiencia que la organización va adquiriendo. Esto significa que el manual debe dejar de ser una vaina general para convertirse en algo aplicable a cada situación concreta que enfrente la empresa, una herramienta que responda a los desafíos del día a día.
El especialista enfatizó que un manual de cumplimiento bacano no solo dice qué hacer, sino que detalla el *cómo* se ejecuta cada paso. Quién es el responsable de esa medida, en qué momento debe meter mano, qué información precisa revisar y, súper importante, cuál será la evidencia que se debe conservar. Así se pasa de un cumplimiento ‘de bulto’ a uno con sustancia, que de verdad gestiona los riesgos.
La diferencia es abismal, tal como explica el experto. Una cosa es tener un documento para salir del paso y otra muy distinta es contar con un programa que pueda demostrar cómo la empresa está controlando sus riesgos. Es pasar de la forma al fondo, de tener el papel a tener la acción documentada, un ‘coro’ que se puede probar con hechos y no solo con promesas.
Es un secreto a voces que las empresas a veces ejercen presión para que estos programas de cumplimiento sean lo menos exigentes posible. Cuando la cosa arranca por ahí, el resultado suele ser un documento general que no le saca el provecho al asunto. Sin embargo, el reto grande está en transformar ese papel en un programa ajustado como un guante a las particularidades y peligros de cada negocio. No es fácil, pero es la única vía para estar ‘de lo más bien’.
Mella Cohn también destacó que la gestión de cumplimiento no puede ser vista como un ejercicio meramente documental. La efectividad del programa depende directamente de que las medidas se puedan llevar a cabo en la práctica y de que la empresa pueda dejar constancia, o sea, evidencia, de que hizo lo que tenía que hacer. Esto es vital, sobre todo para esos sujetos obligados no financieros, que tienen que fajarse a identificar y gestionar los riesgos de lavado de activos y financiamiento del terrorismo, cumpliendo con las normativas al pie de la letra.
Este enfoque proactivo es crucial para garantizar no solo el cumplimiento legal, sino también la reputación y la sostenibilidad a largo plazo de las organizaciones. En un mundo donde las regulaciones se ponen más ‘jevi’ cada día, tener un manual de ‘compliance’ que de verdad funcione no es un lujo, sino una necesidad para cualquier empresa que quiera mantenerse en pie y sin líos. Es una ‘chercha’ seria que no se puede ignorar.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




