¡Qué ‘Vaina’! Las Cámaras Flock Safety Tienen a EE. UU. en un ‘Lío’ de Privacidad

Desde Atlanta, en el año 2017, surgió una empresa llamada Flock Safety que se ha vuelto el ‘coco’ en temas de privacidad en los Estados Unidos. Se autodenominan una compañía de seguridad pública, pero su producto estrella, las Cámaras Flock Safety ALPR (de lectura automática de matrículas), va mucho más allá de lo que uno se imagina. No son cámaras de semáforo cualquiera; estas vienen con una inteligencia artificial que, según la noticia, las convierte en un engranaje clave para un sistema de hipervigilancia de cuidado.

El ‘tigueraje’ de estas cámaras es que no solo le tiran una foto a la matrícula; su sistema de IA es tan chulo que identifica la marca, el modelo, el color y hasta los rayones del coche. Con toda esa información, arman un perfil del vehículo que suben a una plataforma en la nube, permitiéndole a la policía, de acuerdo al reporte, reconstruir los movimientos de cualquier carro en tiempo real. Flock Safety presume haber encontrado más de 10,000 personas desaparecidas en 2025 y ayudado a resolver 700,000 delitos al año, lo cual suena de lo más bien.

Sin embargo, la otra cara de la moneda, según varias investigaciones periodísticas, es que este mismo sistema, que se supone es para la seguridad comunitaria, ha sido utilizado para un ‘lío’ bien feo: el acoso y espionaje personal. La noticia subraya que la polémica se ha ‘armado la de San Quintín’ porque policías han sido acusados de usar estas cámaras para rastrear a sus parejas o exparejas sin orden judicial alguna, un claro abuso de poder que deja a cualquiera con la boca abierta.

Imagínate la vaina: no necesitan una orden judicial para acceder al sistema. Con un simple nombre de usuario y contraseña, según el reporte, los agentes pueden documentar sus búsquedas con motivos falsos o vagos, camuflando un uso indebido. Se han destapado casos donde un agente consultó la matrícula de su expareja 69 veces, y otro hasta 124 veces, además de colocarle un AirTag. Esto demuestra la facilidad con la que un sistema de alta tecnología puede caer en las manos equivocadas y convertirse en una herramienta de control y acoso, un verdadero ‘bochinche’.

La resistencia ciudadana no se ha hecho esperar. En algunas ciudades de Estados Unidos, el descontento ha llegado al punto de que, según la noticia, alguien en Winona destrozó ocho postes de Flock en un solo fin de semana, causando daños valorados en 24,000 dólares. Además, ayuntamientos como el de Dayton, Ohio, llegaron a cubrir las cámaras con bolsas de basura cuando descubrieron que los datos estaban llegando a agencias federales sin su consentimiento, lo que nos da a entender que la situación está un poco ‘revuelta’.

Detrás de todo este ‘coro’ también está Amazon, impulsando la venta de estas tecnologías a los departamentos de policía, según el reporte. La noticia explica cómo las cámaras Ring de Amazon, que inicialmente eran para vigilancia del hogar, ahora desvían sus datos a la red de Flock, supuestamente para mejorar la seguridad comunitaria. Es un entramado complejo donde las grandes tecnológicas están cada vez más involucradas en la vida diaria de la gente, levantando muchas preguntas sobre la privacidad.

Asegún la propia empresa, los casos de abuso son una minoría y se descubren gracias a su política de transparencia. El director ejecutivo de Flock, Garrett Langley, plantea que los humanos toman malas decisiones, y su sistema busca asegurar que sean responsables. Pero la implementación de sistemas de auditoría es voluntaria y los pretextos para las búsquedas a menudo son vagos (‘sospechoso’, ‘drogas’), lo que dificulta una fiscalización efectiva y deja un ‘puerco’ en el camino para identificar los abusos reales.

La gran pregunta, entonces, es qué pasaría si estas cámaras llegan a Europa y, por ende, a nuestro patio. De acuerdo al reporte, la Unión Europea tiene un marco legal mucho más estricto, con el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Directiva de Protección de Datos en el Ámbito Policial. Estas leyes exigen que el acceso a las bases de datos de vigilancia se vincule a una investigación concreta, no a una consulta ‘por si acaso’, lo que dificultaría enormemente el tipo de abusos que se ven en EE. UU.

Además, el IA Act de Europa califica el uso de IA para vigilancia en tiempo real en espacios públicos como una actividad de ‘alto riesgo’. Aunque existen excepciones para casos extremos como el secuestro o el terrorismo, sistemas como Nova, que cruzan matrículas con historiales penales o de salud mental, chocarían de frente con las garantías europeas. Sin embargo, la tecnología avanza ‘de una vez’ y más rápido que la regulación, lo que siempre deja la puerta abierta a nuevos desafíos y a la eterna ‘chercha’ sobre cómo equilibrar seguridad y privacidad.

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