En un acto lleno de esperanza y esa chispa dominicana que nos caracteriza, el doctor Félix Antonio Cruz Jiminián dio este jueves el primer picazo para la construcción del tan esperado “Hospital de la Dignidad”. Este no es un centro cualquiera, ¡no señor! Se trata de una iniciativa chula, un hospital especializado en cuidados paliativos que busca ofrecer una atención médica de calidad, acompañamiento real y condiciones dignas a los pacientes que, lamentablemente, se encuentran en sus últimas etapas de vida. Esta obra se levantará en un terreno ubicado en la carretera al Batey Bienvenido, en Santo Domingo Oeste, una localidad que según la noticia, será epicentro de esta noble causa, marcando un antes y un después en la asistencia a quienes más lo necesitan.
La idea de este hospital no surgió de la nada; es un sueño que el doctor Cruz Jiminián ha cultivado por más de tres décadas. El propio médico explicó, con la franqueza que le conocemos, que su experiencia atendiendo a pacientes terminales le mostró la cruda realidad de la falta de espacios adecuados. Es una vaina difícil cuando desde otros centros de salud se envían a los pacientes a morir a sus casas, muchas veces sin los recursos ni el apoyo necesario. Es aquí donde el Hospital de la Dignidad busca hacer la diferencia, brindando ese espacio que por tanto tiempo ha hecho falta en nuestro país para aquellos que ya no tienen posibilidad de curación, pero sí merecen un final lleno de paz y respeto.
Este proyecto está especialmente diseñado para la gente de escasos recursos que batalla con enfermedades como cáncer, tumores cerebrales y esclerosis múltiple, entre otras condiciones avanzadas. La meta no es curar, porque a esa altura, como bien dijo el doctor, la curación no es una opción; lo que sí es posible es aliviar el dolor, manejar los síntomas y mejorar significativamente la calidad de vida. Imagínese usted, que un paciente en un dolor infernal pueda recibir un fentanilo o una morfina, para que su partida sea menos dura, más digna. Eso es lo que se busca: no alargar la vida a la brava, sino mejorarla en sus últimos tramos.
En su etapa inicial, el Hospital de la Dignidad contará con entre 30 y 40 habitaciones individuales, cada una con su baño y un espacio para que los familiares puedan estar cerquita de los suyos en esos momentos. La idea es que haya un pasillo con enfermeras patrullando constantemente, asegurando que cada paciente reciba el cuidado y la atención que merece de una vez. La visión a largo plazo es expandirse a 200 o 300 cabañas, un viaje de esperanza que crecerá según los recursos y el apoyo que se consigan, demostrando que con el tigueraje dominicano, todo es posible.
Para hacer esta realidad, se necesitan unos RD$90 millones, una suma importante, pero que con la unión de voluntades se puede conseguir. El doctor Cruz Jiminián hizo un llamado a empresas, instituciones y personas de buen corazón para que se sumen al coro. Ya han recibido aportes significativos, como una donación de US$100,000 de Felipe Ángel, y otras contribuciones valiosas, incluyendo 2,000 fundas de cemento y 12,000 bloques de Cementos y Blocks Rodríguez. ¡Eso es bacano! Es la muestra de que cuando el dominicano se propone algo, lo logra con el apoyo mutuo.
Además del dinero y los materiales, el proyecto cuenta con un respaldo institucional jevi. Se ha hecho un convenio con la Fundación Merced, que aportará equipos de rayos X, sonografía y laboratorio. También, una institución norteamericana, con la que el doctor tiene vínculos de más de dos décadas, ha prometido medicamentos y materiales. Y para la alimentación, los Comedores Económicos, fieles colaboradores en las iniciativas sociales del doctor, garantizarán el plato del día. En cuanto al personal, se espera contar con médicos y enfermeras, incluso con apoyo de las autoridades sanitarias, para que nadie se quede sin la asistencia necesaria.
El doctor recordó el contraste entre los que tienen y los que no, cuando se trata de enfrentar una enfermedad terminal. Hay quienes tienen una habitación de lujo, con todo el confort, mientras otros sufren en la escasez. “En medicina, los que pueden, sí son diferentes a los que no pueden. Eso se acabó. Aquí van a venir los más pobres de todos los hospitales del país”, aseguró con convicción. Este hospital busca nivelar la cancha, asegurar que la dignidad no tenga precio y que todos, sin importar su condición económica, reciban el mismo trato humano y respetuoso.
El doctor Luis Antonio Cruz, hijo del fundador, enfatizó que los cuidados paliativos van más allá de la medicina; se trata de seres humanos, de padres, madres, hijos, que necesitan saber que no estarán solos. Hizo un llamado a la ciudadanía y a los empresarios, recalcando que este sueño no es obra de una sola persona, sino de la colectividad. Es un testimonio de que esta causa trasciende cualquier interés particular, un verdadero acto de amor hacia la comunidad, un legado que demuestra la grandeza del corazón dominicano.
Por su parte, el doctor Julián Rodríguez, quien tendrá el honor y la responsabilidad de dirigir este centro, reafirmó la importancia de la medicina paliativa. “Puede llegar un momento en que no podamos curar una enfermedad, pero siempre podemos aliviar, acompañar y cuidar”, expresó, resumiendo la esencia del Hospital de la Dignidad. Es una promesa de consuelo y humanidad, un faro de esperanza en los momentos más oscuros, un lugar donde cada vida es valorada hasta el último aliento.
Cruz Jiminián concluyó agradeciendo a todos los que han apoyado y reiterando su llamado a seguir sumando voluntades. Porque al final del día, esta vaina es de todos, y sin el apoyo de la gente, este proyecto tan noble no sería posible. Es un claro ejemplo de cómo, cuando nos unimos en un buen coro, podemos lograr cosas trascendentales para nuestra gente.
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