En los barrios de Santo Domingo Oeste, la gente está harta de una ‘vaina’ que les quita el sueño y les vacía el bolsillo: ¡las calles! Específicamente, en la calle San Antón, esquina Juan Ballenilla, los residentes y conductores no aguantan más el ‘tigueraje’ de los hoyos. Parece un campo minado, y el tránsito, que ya es un ‘lío’, se vuelve una odisea. Asegun ellos, la situación es ‘insoportable’ y el clamor para que ‘metan mano’ es unánime en Santo Domingo Oeste.
Para los que se ganan la vida en la calle, como los conchos y los taxistas, esta situación es un verdadero ‘dolor de cabeza’. No solo por el tiempo perdido en esquivar cada ‘cráter’ —que son un ‘sin fin’—, sino por el daño que sufren los vehículos. Los amortiguadores, las gomas, la dirección… todo termina ‘hecho un trapo’ en un dos por tres. Y eso, mi gente, significa ‘cuarto’ que sale del bolsillo de uno, dinero que debería usarse para la comida o la educación. El impacto en la economía familiar y en la productividad del transporte es considerable.
Pero más allá del ‘teteo’ económico, está la seguridad. Un hoyo de esos, de noche o con lluvia, es un peligro latente. Cualquiera puede caer en uno, perder el control del vehículo y, ¡Dios nos libre!, terminar en un accidente serio. Los motoristas, que son los que más sufren en la jungla del tránsito, están ‘en un callejón sin salida’. Las frenadas bruscas para evitar un bache pueden provocar colisiones por detrás, y las maniobras evasivas, choques frontales. La vida de la gente está en juego, no es un simple asunto de ‘daño material’.
Esta problemática de las vías públicas en la República Dominicana no es nueva; es una ‘historia vieja’. A lo largo de los años, el mantenimiento de infraestructuras ha sido un desafío constante en muchas demarcaciones del país. Las autoridades se enfrentan a un ‘reto’ continuo para garantizar calles dignas para su gente, una tarea que implica planificación, inversión y supervisión constante. Es fundamental recordar que una buena red vial no solo facilita el transporte, sino que también contribuye al desarrollo económico y social de una comunidad, permitiendo un flujo más eficiente de bienes y servicios. Cuando las calles están en mal estado, la calidad de vida general de los munícipes se resiente, afectando desde el valor de las propiedades hasta la eficiencia de los servicios de emergencia.
Por eso, el llamado de los munícipes y conductores de Santo Domingo Oeste a las autoridades competentes no es un capricho; es una exigencia de derechos. Piden que ‘se pongan en esto de una vez’, que no esperen a que ocurra una ‘tragedia’ para tomar cartas en el asunto. Necesitan una intervención ‘seria’, que no sea solo ‘un parche’, sino una solución duradera que devuelva la transitabilidad y la seguridad a sus calles. La gente quiere ver que sus impuestos se invierten en obras que realmente ‘valgan la pena’ y que mejoren su día a día. Han prometido mantenerse vigilantes y seguir denunciando hasta que la situación se resuelva.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




