¡Atención, mi gente! La vaina de los impuestos de Amazon en Aragón, España, por fin cogió su rumbo. Después de un viaje de cuatro años de preguntas y presiones, la compañía gringa, según el reporte, ha soltado el pitazo: pagará el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE) directamente a los ayuntamientos donde tiene sus centros de datos. ¡Así mismo como lo oyen! Esta es una jugada que, para muchos, pone la cosa en su sitio y beneficia a las comunidades que le brindan el terreno, la luz y el agua a la infraestructura de Amazon Aragón.
Asegún la información que nos llega, Amazon Web Services (AWS) venía pagando este impuesto a nivel nacional desde 2022, con la cuota de la sede fiscal en Madrid, aunque la operación fuerte y el consumo de recursos se daba en Aragón. Pero ahora la cosa cambió de una vez. La empresa ha dicho que empezará a tributar a nivel municipal ‘de forma inmediata’ y, ¡atención!, también realizará pagos retroactivos que cubren los últimos cuatro años, desde 2023 hasta este 2026. Esto es un paliativo para los municipios que, como Aragón, se han convertido en un hub digital por su superávit energético y a quienes Amazon había prometido, según el artículo, inversiones de 33.700 millones de euros.
¿Y por qué ahora, se preguntarán ustedes? Pues la verdad es que la polémica cogió fuego, una verdadera chercha que escaló. Hubo manifestaciones, marchas y un descontento que no era jugando. El alcalde de El Burgo de Ebro, Vicente Royo, no se quedó callado y calificó la situación de ‘lamentable y vergonzoso’, hasta el punto de negarse a firmar acuerdos sin que se arreglara el chismecito económico. La cosa llegó al mismo pleno de las Cortes de Aragón, y hasta el Gobierno aragonés se puso los pantalones largos, exigiendo el pago de impuestos en su tierra a Amazon, Blackstone y Microsoft. ¡Aquí no se juega con la vaina!
Aunque la compañía, según la noticia, no soltó el monto exacto de lo que pagará, sí se sabe que esto no es una inversión nueva, sino un impuesto que, según ellos, ahora se pagará donde corresponde. A pesar de eso, se barajan algunas estimaciones: la documentación de una primera ampliación proyectaba el IAE en unos 522.777 euros anuales, con una tajada considerable para Zaragoza, Huesca, Villanueva de Gállego y El Burgo de Ebro. Para un ayuntamiento pequeño como El Burgo de Ebro, recibir unos 56.000 euros retroactivos (una cuenta ajena a Amazon) es un cambio ‘jevi’, un billete que hace la diferencia de una vez.
No es solo Amazon el que está en el ojo del huracán. En Aragón hay un viaje de dinero en juego con otras empresas grandotas. Microsoft, por ejemplo, está preparando una inversión gorda de 2.200 millones de euros, y Blackstone con su filial QTS, según el reporte, también arrancó sus obras con una inversión proyectada de 13.471 millones de euros para 2028. Aunque la cuota nacional del IAE era legal, la cosa siempre ha sido discutida, y una consulta de la DGT de febrero de 2026 sugiere que los servicios cloud deberían tener una cuota mínima municipal. Esto le pone sazón al debate.
Hay que destacar que Amazon no está ciega ante el rechazo que se está formando contra los centros de datos en otros lados; su CEO, Matt Garman, ha hablado de más de 100 moratorias en Estados Unidos. La compañía se ha comprometido, según el informe, a ser más transparente y a dejar los acuerdos confidenciales, especialmente porque necesita licencias para seguir su expansión. Aunque el IAE es importante, hay otras vainas como el ICIO (exento), el IBI (que sí se paga, unos 226.884 euros anuales), y el IVA y Sociedades que se quedan en la Hacienda estatal. En cuanto al empleo, la compañía calcula unos 13.400 anuales en Aragón, pero la mayoría son indirectos o de obra. Así que la discusión de si esta vaina compensa de verdad, sigue dando de qué hablar.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).


