¡Atención, mi gente! En Uruguay, la semana pasada se armó la gorda con el esperado apagón analógico. Este viernes en la medianoche, se cerró un capítulo importante en la historia de la televisión charrúa, poniendo fin a más de diez años de tira y encoge. Este paso marca el inicio de una nueva era digital, dejando atrás las transmisiones de la vieja escuela, excepto por la ciudad de Bella Unión, que, según la noticia, no tiene cobertura digital. Pero detrás de esta movida tecnológica, se esconde una historia tan chula que parece sacada de un libro, la del inventor Miguel ‘Toto’ Cutinella, quien, sin mucho bombillo, ya andaba en la vaina de la televisión cuando casi nadie la conocía.
Este corte de señal no solo es un avance técnico; es el telón final de una etapa que, para los uruguayos, se inició mucho antes de que la TV fuera una realidad palpable. Y es que el genio de Miguel ‘Toto’ Cutinella, un personaje de esos que nacen con el chip de la inventiva, dejó una huella imborrable. Nacido en 1913 cerquita de Colonia del Sacramento, este tiguere desde muchachito aprendió a bregar con máquinas, a construirlas, arreglarlas y hasta transformarlas. Su ingenio no tenía límites, y su trayectoria docente y de innovador se sintió con fuerza en Tarariras, el pueblo donde pasó la mayor parte de su vida.
‘Toto’ era un autodidacta de primera, de los que le meten mano a todo sin miedo, sacando proyectos ‘a pulmón’ y adelantándose a su tiempo. Por ejemplo, en 1939, cuando la Segunda Guerra Mundial puso difícil conseguir gasolina, este inventor adaptó su Ford T para que funcionara con gasógeno, usando carbón. Imagínense la vaina: ¡ese carro era el único que rodaba por Tarariras en ese momento! Pero sus ocurrencias no pararon ahí; también se inventó el ‘pastor eléctrico’, un sistema jevi para mantener el ganado en su sitio con impulsos de alto voltaje. Un genio, pero de esos que no buscan la fama, pues según el reporte, ese invento nunca fue patentado y su creador se quedó en el anonimato.
Pero si hay un invento que lo puso en el mapa de la leyenda entre los suyos, fue su televisor. ¡Ahí sí que la pegó! No es que ‘Toto’ Cutinella inventara la televisión desde cero, no, qué va. Es que se la fabricó él mismo en Tarariras en 1951, en un tiempo donde por esos lares no existía ni un canal que transmitiera ni un televisor que comprar. Según cuenta la historia de Tarariras Histórico, este bacano vio un aparato gringo en un libro de electrónica, compró el tubo de rayos catódicos, y con lo que pudo conseguir, ¡se montó su propia TV! Una verdadera hazaña que demuestra el nivel de su compromiso con la curiosidad.
Una vez listo el aparato, la chercha era esperar que hubieran señales. La TV apenas estaba llegando al continente. Fue en octubre de 1951, con las transmisiones del Canal 7 de Buenos Aires, que ‘Toto’ tuvo su oportunidad. La señal podía llegar a Tarariras, y su invento, un par de meses antes de la primera transmisión oficial en el Río de la Plata, ¡estaba ready para la prueba! El sonido, según la noticia, se escuchaba de lo más bien, pero la imagen estaba medio borrosa. ¿Se desanimó? ¡Para nada! Se puso de una vez a meterle mano y, a principios de 1952, su televisión funcionaba a la perfección. Él mismo vendió un viaje de esos aparatos artesanales a sus vecinos, ¡mucho antes de que el primer canal de TV llegara a Uruguay en diciembre de 1956!
La trayectoria de ‘Toto’ Cutinella, según lo recogido en el canal Deaculla, siguió llenándose de inventos y enseñanzas. Su legado es tan fuerte que la UTU de Tarariras, de hecho, lleva su nombre, un reconocimiento a la influencia que tuvo en la educación técnica. En 2002, le llegó otro palo gordo, siendo declarado ‘Vecino Ilustre del departamento de Colonia’, una distinción bien merecida por su ‘sabiduría artesanal’ y su aporte a la cultura mecánica y eléctrica de la región. Cutinella, el tiguere que vio el futuro de la televisión antes que muchos, nos dejó en 2008, cerquita de cumplir sus 95 años.
Y para rematar esta historia, ¿saben qué? Según la información, el televisor pionero de Cutinella, esa reliquia que marcó un antes y un después, ¡todavía funciona! Pero ahora, con el apagón analógico, necesitaría un adaptador digital para volver a captar alguna señal en el éter uruguayo. ¡Qué vaina, eh! El invento que se adelantó a su tiempo, ahora necesita modernizarse para seguir vivo en esta era digital. Un recordatorio chulo de cómo la innovación nunca para.
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