En la frontera de Dajabón, la vida sigue su curso, demostrando la resiliencia y la necesidad que mueve a la gente. Ni la lluvia persistente ni la incertidumbre por la violencia en Haití han frenado la determinación de miles de haitianos que cruzan pa’ este lao, buscando el sustento diario. El comercio binacional es un pulmón económico para sinnúmero de familias, una rutina que ni la ‘vaina’ más dura puede detener. Este vaivén de compradores y comerciantes, bajo un cielo gris y mojado, subraya la vital importancia de este punto fronterizo y la profunda interconexión entre ambos países.
Mientras este ‘corre-corre’ comercial se mantiene activo, desde el lado haitiano, el sacerdote somasco Andrés Isidol, radicado en Cabo Haitiano, nos ofreció un panorama matizado. Según el padre, las comunidades del norte, como Cabo Haitiano, Fort Liberté y Juana Méndez, mantienen una relativa tranquilidad. ‘Aquí no hay tanta inquietud. Uno puede caminar de noche tranquilamente hasta las once’, aseguró, contrastando esta calma con la intensidad de la violencia que lamentablemente azota a Puerto Príncipe y otras regiones haitianas.
El religioso destacó que, aunque existen hechos de delincuencia común, el ‘tigueraje’ de las bandas armadas que genera tanto revuelo en la capital haitiana no se vive con la misma intensidad en el norte. La Policía haitiana, de acuerdo a sus palabras, se mantiene activa con patrullajes preventivos, buscando asegurar que la vida continúe con la mayor normalidad posible. Este dato es clave para entender la complejidad de la realidad haitiana, que no es unívoca.
Del lado dominicano, sin embargo, la presencia militar es visible y constante. La ‘frontera’ está más militarizada que nunca, con una vigilancia que no es un relajo. Miembros del Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront) se han apostado con armas de alto calibre, custodiando cada rincón del paso internacional que une Dajabón con Juana Méndez. Es un mensaje claro: la seguridad nacional es prioridad y aquí no se duerme en la paja.
A esto se le suma la presencia de aeronaves que surcaron el cielo sobre la línea divisoria. Un ‘ojo de águila’ que refuerza la estrategia de contención y observación ante cualquier eventualidad. Esta considerable presencia militar es una respuesta directa a la creciente preocupación por la expansión de las bandas armadas hacia el norte de Haití y la necesidad de proteger nuestro territorio ante una situación tan volátil. Es la ‘chercha’ de la seguridad que se activa para proteger lo nuestro.
Al final del día, la estampa de Dajabón sigue siendo la misma: un ir y venir incesante de personas, bajo la mirada atenta de nuestros militares. La necesidad de alimentos y la vitalidad del comercio se mezclan con la tensión y la incertidumbre de una crisis vecina. Es una ‘vaina’ complicada, pero en la frontera, la vida, a su manera, sigue dando su ‘show’.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




