Desde Santo Domingo, llega un grito de alerta que nos pone a pensar: América Latina y el Caribe están en un cruce de caminos bien ‘apretá’. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ha levantado la bandera roja, señalando un panorama complejo marcado por el aumento de las tensiones geopolíticas, la fragmentación del sistema multilateral y un crecimiento económico que, la verdad sea dicha, está más lento que un tapón en la 27 a las cinco de la tarde. Esta situación, según la noticia, limita la capacidad de nuestros países para meterle mano a las transformaciones que la sociedad necesita.
José Manuel Salazar-Xirinachs, secretario ejecutivo de la CEPAL, fue quien soltó esta ‘vaina’ durante la 41.ª sesión del organismo, dejando claro que la geopolítica ahora es parte integral de la agenda del desarrollo. Aseguún sus palabras, esa interdependencia económica que antes se veía como algo ‘chulo’ para la eficiencia y la prosperidad, ahora se está usando como un ‘instrumento de poder y coerción’. Esto tiene un viaje de implicaciones para nuestra región, América Latina, ya que decide dónde se invierte, qué se produce, dónde se ubican las cadenas de valor, quién tiene acceso a la tecnología y bajo qué condiciones nos relacionamos con el resto del mundo.
El secretario ejecutivo de la CEPAL añadió que estos desafíos nuevos no vienen solos; se suman a problemas estructurales que la región arrastra desde hace años, como si fuera una mochila bien pesada. Identificó lo que él llamó las ‘tres trampas del desarrollo’: una baja capacidad para crecer, una desigualdad ‘que da pena’ con poca movilidad social y una cohesión débil, y por si fuera poco, unas capacidades institucionales y una gobernanza que no están de lo más bien.
Para que se hagan una idea de la magnitud del ‘rollo’, entre 2016 y 2025, la región apenas creció un 1.3 % anual en promedio. Salazar-Xirinachs considera esta cifra una preocupación central para nuestros países, y con razón. Explicó que, aunque crecer no es lo único, sin un crecimiento alto y sostenido, se hace ‘súper difícil’ generar empleos de calidad, bajar la pobreza, construir infraestructuras decentes, financiar la educación, la salud y la protección social, y, de paso, subir la productividad. No se trata de crecer por crecer, nos recalcó, sino de crecer para transformar, para que la gente sienta la mejoría.
Frente a este panorama, la CEPAL propone meterle ‘pique’ a la gestión de las transformaciones, que Salazar-Xirinachs definió como los ‘cómo’ del desarrollo. Es decir, sabemos qué hay que hacer, pero el ‘quille’ está en cómo convertir esas buenas ideas en políticas públicas y resultados concretos que la gente pueda ver y sentir. Para esto, se necesita coordinar las instituciones, mover los recursos ‘de una vez’, construir apoyos, enfrentar los conflictos, superar las resistencias y mantener el empuje por el tiempo que sea necesario para ver los resultados.
Y no solo eso, también se destacó la importancia vital de que haya un ‘coro’ bien organizado entre el Estado, el sector privado, la fuerza laboral, la academia y la sociedad civil. Es un asunto de trabajar juntos, como cuando en el patio se junta to’ el mundo para resolver una ‘vaina’ importante. Sin esa colaboración, la cosa se pone más ‘complicá’.
Durante este período de sesiones, la CEPAL está analizando tres transformaciones claves para el futuro de nuestra gente: la revolución digital con la inteligencia artificial, la integración regional y la macroeconomía. Sobre la IA, el reto no es solo usarla más, sino que sirva para elevar la productividad, fortalecer las empresas y generar innovación. En cuanto a la integración, la propuesta es avanzar de manera flexible y pragmática en áreas como infraestructura, facilitación del comercio y la cooperación digital, para que estemos más conectados y la economía fluya mejor. Y en macroeconomía, se plantea que la estabilidad debe ir de la mano con la capacidad de crecer, invertir e innovar, y poder aguantar los ‘golpes’ externos.
Finalmente, Salazar-Xirinachs dejó una luz al final del túnel: los cambios en el orden mundial también traen oportunidades ‘bacanas’ para la región. Nuestros minerales, la capacidad para generar energías limpias, la producción de alimentos, nuestra biodiversidad, el talento y la capacidad productiva son activos valiosos. Pero, ojo, advirtió que tener esos recursos no garantiza el desarrollo. La región necesita estrategias claras, instituciones fuertes y una gobernanza efectiva para aprovechar esos activos, agregar conocimiento, generar cadenas productivas que dejen el ‘chelito’ aquí y fortalecer nuestras capacidades.
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