La desaparición de un familiar es una de las situaciones más desgarradoras que cualquier persona puede afrontar. La angustia, el temor y la tristeza son emociones que arropan el alma, pero lo que muchos dominicanos no tienen en cuenta es el fuerte golpe al bolsillo que significa esta ‘vaina’. Según el politólogo y sociólogo Gustavo Alejandro Oliva Álvarez, un alarmante 63 % de las familias de personas con desapariciones familiares ve cómo sus finanzas se van al garete, especialmente aquellas que ya estaban en una situación vulnerable o que pierden a uno de los principales sostenes del hogar. Esto no es relajo, es una cruda realidad que nos afecta a todos.
El investigador, durante su exposición en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), detalló cómo la economía familiar se desmorona. Los ahorros se agotan rapidísimo, la gente termina endeudada hasta el cuello y, en los casos más graves, se ven forzados a vender lo poco que tienen: desde muebles y joyas hasta vehículos, con tal de seguir buscando a su ser querido. El asunto es tan crítico que, como destacó Oliva Álvarez, un viaje de personas abandonan sus trabajos para dedicarse por completo a la búsqueda, lo que de una vez les corta la entrada principal de dinero.
Pero la cosa no para ahí. El estrés y el impacto emocional de la situación pueden provocar una disminución drástica de la productividad laboral, lo que a menudo termina en despidos. Además, el investigador denunció una ‘paradoja’ que es pura candela: los familiares tienen que exponerse en los medios de comunicación para darle visibilidad al caso de su gente, pero esa misma exposición los pone en la mira del ‘tigueraje’ y la industria de la extorsión que, según la noticia, opera incluso desde las prisiones del país. Es un golpe bajo que nadie debería tener que aguantar.
Más allá de los números rojos, el sociólogo también puso el foco en el daño mental y psicológico. A casi el 90 % de los familiares les da una alteración del ánimo, y lo más fuerte es que el tiempo no lo cura todo. El especialista introdujo el concepto de ‘duelo desautorizado’, una especie de desconexión y desapego psicológico donde la gente se queda anclada en el momento del trauma, mientras el mundo sigue su curso. Es como si su experiencia del tiempo se volviera circular, mientras la sociedad avanza de forma lineal, creando una brecha que es jevi de entender para quien no la vive.
Las entrevistas realizadas para el ‘Diagnóstico Integral sobre Desapariciones No Voluntarias en República Dominicana’ revelaron una realidad estremecedora: muchos familiares preferirían encontrar a su ser querido muerto antes que vivir con la incertidumbre. El dolor de la pérdida, por más fuerte que sea, es preferible a la angustia de no saber qué pasó. Esta investigación, presentada en el Intec, que combinó revisión documental, análisis comparado y encuestas a 74 familias, resalta la urgencia de fortalecer la respuesta del Estado y mejorar el acompañamiento a las familias.
El defensor del pueblo, Pablo Ulloa, que estuvo presente en la actividad, enfatizó que la desaparición de una persona va más allá de un trámite administrativo; compromete derechos fundamentales como la vida, la libertad y la seguridad. Es claro que hay que hacer un coro para que el Estado dominicano se ponga las pilas, mejore la coordinación interinstitucional y ofrezca un soporte de verdad a quienes se ven atrapados en esta dolorosa ‘vaina’. La sociedad entera debe entender que este problema nos arropa a todos y requiere una respuesta integral que alivie tanto el corazón como el bolsillo de los afectados.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




