La Iglesia Católica dominicana está de luto, ¡una vaina que nos ha cogido a to’ el mundo de sorpresa! Con la partida de Monseñor Antonio Camilo González, obispo emérito de la Diócesis de La Vega, se va una de las figuras más influyentes y queridas del episcopado nacional en las últimas décadas. Según la noticia, este hombre, un verdadero ‘bacano’ de la fe, falleció este viernes a los 88 años en la clínica Unión Médica de Santiago, donde, según el reporte, estaba ingresado. Su deceso marca el fin de una trayectoria de más de sesenta años de servicio sacerdotal que dejó una huella imborrable en el país.
Durante sus 22 años al frente de la diócesis vegana, Monseñor Antonio Camilo González no se quedó quieto, ¡qué va! Impulsó un viaje de iniciativas que transformaron la vida eclesial. Fue el motor detrás de la creación de nuevas parroquias, promovió la educación católica con un ahínco que te digo, y ordenó a más de un centenar de sacerdotes. Ese legado, que trascendió las fronteras de su diócesis, es el testimonio de una labor pastoral intensa y un compromiso inquebrantable con la formación del clero y el fortalecimiento de las comunidades. Él era de esos que ponían el alma en cada proyecto, con una cercanía que lo hacía sentir como uno más de la familia.
Monseñor Camilo González, cuyo nacimiento se remonta al 7 de febrero de 1938 en la comunidad de Ojo de Agua, Salcedo, era hijo de Antonio Camilo Pantaleón y Caridad González Garrido. Sus primeros pasos en la formación académica y espiritual lo llevaron lejos de casa, realizando estudios de Filosofía y Teología en países como Argentina y España. Este período de intensa preparación fue fundamental para cimentar los valores y el conocimiento que luego pondría al servicio de su nación, culminando con su ordenación sacerdotal el 1 de julio de 1962, un hito que marcaría el inicio de una vida dedicada a Dios y a su pueblo.
A lo largo de su dilatada carrera ministerial, Monseñor Camilo González asumió un sinnúmero de responsabilidades pastorales, demostrando su versatilidad y compromiso. Fue vicario y párroco en diversas comunidades de Santo Domingo, San Cristóbal, Baní y Bayaguana, dejando su impronta en cada lugar. Además, ocupó cargos de gran relevancia institucional, como vice-rector del Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, director del Instituto Nacional de Pastoral, vicario general de la Arquidiócesis de Santo Domingo, y hasta capellán mayor de la Fuerza Aérea Dominicana. ¡Un hombre con una hoja de servicio que te quitabas el sombrero!
Uno de los momentos cumbres en su vida eclesiástica, sin duda alguna, fue su nombramiento como obispo. Este acontecimiento tomó un matiz histórico el 10 de octubre de 1992, cuando, según el reporte, el papa Juan Pablo II, en su visita oficial a la República Dominicana con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América, anunció públicamente su designación como el tercer obispo de La Vega. Este acto fue único, convirtiéndolo en el primer y único obispo latinoamericano cuyo nombramiento fue proclamado personalmente por el pontífice en una celebración litúrgica. ¡Una ‘chercha’ de verdad, un privilegio que pocos pueden contar!
La ordenación episcopal de Monseñor Camilo González se celebró con gran solemnidad el 8 de diciembre de 1992, en la emblemática Catedral Inmaculada Concepción. La imposición de manos estuvo a cargo del cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, quien, según la noticia, había sido su compañero durante los años de formación en el seminario. Este lazo de hermandad y respeto mutuo añadió un toque especial a la ceremonia, marcando el inicio formal de su episcopado en La Vega. Su visión y energía impulsaron un crecimiento pastoral significativo, consolidando una Iglesia más fuerte y organizada.
El impacto de Monseñor Antonio Camilo González en la Diócesis de La Vega fue profundo y duradero. Su labor se centró en un amplio proceso de expansión y fortalecimiento, que incluyó la creación de un buen número de parroquias para acercar la fe a más dominicanos. Además, le puso un empeño especial a la formación sacerdotal, sembrando la semilla en nuevas generaciones de religiosos que hoy continúan su obra. Dejó una impronta que marcó a varias generaciones de fieles y religiosos, siempre con su estilo cercano y su palabra certera.
Su etapa como obispo activo concluyó el 23 de febrero de 2015, cuando, según la noticia, el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la diócesis por razones de edad. Fue sucedido por monseñor Héctor Rafael Rodríguez Rodríguez. Tras su retiro del ministerio activo, fijó residencia en la Casa de Obispos Eméritos San Camilo de Lelis, en el Santo Cerro, cerquita del Santuario Nacional de Nuestra Señora de las Mercedes, donde siguió acompañando la vida espiritual de la Iglesia con su sabiduría y experiencia. Incluso en 2019, la Universidad Católica del Cibao (UCATECI) le otorgó el título de doctor honoris causa, reconociendo sus más de 55 años de servicio sacerdotal y su invaluable aporte a la educación y la evangelización. La partida de este hombre, un verdadero ‘tigueraje’ de la fe, deja un vacío grande, pero su legado, ¡ese sí que no se borra!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




