Cada año, cuando llega abril, en nuestro patio se aviva la memoria de una de las fechas más trascendentales de nuestra historia reciente: el 28 de abril de 1965. No es una vaina cualquiera; se conmemora el 61.° aniversario de la ‘intervención militar’ estadounidense, un acontecimiento que marcó a toda una generación y redefinió el rumbo de la nación. Distintas entidades, como la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), se pusieron de una vez en el ruedo para recordar la gesta con un ‘coro’ significativo, encabezado por la vicerrectora Rosalía Sosa. Ella, con tremenda elocuencia, resaltó la lucha por la libertad y la soberanía nacional de aquellos hombres y mujeres que se fajaron en los eventos de abril de 1965.
Sosa fue clara al calificar ese abril del 65 como un grito profundo, irreverente y valiente por el retorno a la constitucionalidad. Y es que, para entender la vaina, hay que recordar que todo esto se desencadenó tras el derrocamiento del primer presidente democráticamente electo después de la tiranía, el profesor Juan Bosch, en 1963. La Revolución de Abril buscaba restaurar la Constitución de 1963, considerada progresista, y traer de vuelta a Bosch. Fue una lucha civil encarnizada donde el ‘tigueraje’ del pueblo se lanzó a las calles, defendiendo la patria con uñas y dientes, lo que terminó provocando la temida injerencia extranjera. La intervención militar de los Estados Unidos, justificándose en proteger a sus ciudadanos, fue en realidad un movimiento estratégico para evitar lo que consideraban una posible segunda Cuba en el Caribe.
El sacrificio de quienes participaron en esa gesta no fue en vano. Al contrario, sembró una conciencia cívica profunda y fortaleció los valores democráticos que hoy nos definen como nación. Héroes como el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien se erigió como presidente constitucionalista en plena contienda, simbolizan ese espíritu indomable que enfrentó al invasor. En la UASD, la bandera nacional y la de la academia fueron izadas, esta última a media asta, un gesto solemne y ‘jevi’ que recuerda el luto universitario por los que cayeron. Es un recordatorio palpable de que la memoria histórica está viva y que la soberanía dominicana es una vaina que se defiende con orgullo.
El exsecretario general de la academia, Héctor Luis Martínez, subrayó con pasión cómo la población dominicana respondió con una gallardía admirable ante la afrenta extranjera. La ‘intervención militar’ de 1965 no es solo un capítulo en los libros de texto; es una lección de autodeterminación que resuena hasta el sol de hoy. Marcó a varias generaciones, dejando una cicatriz profunda pero también un legado de resistencia. Nos enseña que, ‘asegún’ las circunstancias, la unidad y el valor son fundamentales para proteger nuestra identidad y nuestro destino como nación. Este evento cimentó la idea de que los dominicanos, cuando la patria llama, siempre están listos para fajarse.
Más allá de la esfera académica, otros actores políticos también se sumaron a la conmemoración. El Partido de la Liberación Dominicana (PLD), por ejemplo, organizó su propio ‘coro’ en la capital, reuniendo a dirigentes de distintos niveles para recordar el inicio de esa segunda intervención extranjera. Esto demuestra cómo la relevancia de abril del 65 trasciende y sigue siendo un referente clave en el discurso político nacional. El legado de la lucha por la libertad y la dignidad nacional, por la constitucionalidad, sigue vivo y se transmite de generación en generación, asegurando que el ‘tigueraje’ por la patria nunca se apague y que la historia se recuerde siempre con respeto.
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