La ‘Vaina’ de Mansión Herminia: Teatro que Desnuda la Noche Dominicana

¡Atención, gente linda de Santo Domingo! Se viene un ‘coro’ teatral que promete armar un tremendo “revolú” y hacernos reflexionar a otro nivel. La compañía Orestíada Teatro nos trae a las tablas la pieza Mansión Herminia, una propuesta que se mete de lleno en la vida nocturna de nuestra tierra para desentrañar, desde la ficción, un universo donde el poder, el deseo, la política y la supervivencia son los protagonistas. Prepárense para una experiencia que va más allá de lo usual en la Sala Ravelo del Teatro Nacional.

Escrita por el maestro César Sánchez Veras y bajo la dirección magistral de Orestes Amador, esta obra aterriza con una estética cabaretera que, ¡de una vez!, te engancha. Imagínense: música que te llega al alma, danza que te mueve el piso y una teatralidad oscura pero exuberante, todo junto. Las fechas para no perderse esta ‘vaina’ son el 4, 5, 6, 11, 12 y 13 de septiembre. ¡Vayan haciendo sus planes!

Aquí en República Dominicana, hay nombres que se quedan grabados en el subconsciente colectivo, ¿ustedes saben a qué me refiero? Decir ‘Herminia’ es como abrir una ventana a esa ciudad nocturna de boleros melancólicos, de rumores que se susurran en las esquinas, de habitaciones cerradas y de pactos silenciosos. Es evocar a personajes que aprendieron a desenvolverse en los márgenes de la moral pública, a ese ‘tigueraje’ que encontró su modo de subsistir cuando la cosa se ponía prieta.

La historia de Mansión Herminia no es un cuento cualquiera; arranca desde la figura asociada al legendario Rincón Boricua, ese club nocturno tan conocido en Santo Domingo, para levantar una ficción que nos habla del poder que se ejerce, del deseo que quema y de la lucha constante por la supervivencia. Es la narrativa de una joven que, dejando atrás su campo en Nagua, llega a la capital y, ¡a la buena de Dios!, se abre camino en ese submundo nocturno hasta convertirse en dueña de su propio destino, en un verdadero ‘macana’.

El relato se desarrolla durante aquellos famosos doce años de Joaquín Balaguer, una etapa de nuestra historia donde la sociedad estaba permeada por una desigualdad palpable, un machismo que echaba candela y unas tensiones políticas que mantenían a todo el mundo con la guardia alta. Como bien explica su director Orestes Amador, “En ese mundo no había solamente prostitución. Había poder, había política y había supervivencia”. Esta perspectiva busca mostrar a los personajes con todas sus contradicciones, sin caer en caricaturas ni juicios morales facilistas.

El montaje es un reflejo de los lenguajes que han marcado la trayectoria de Amador. Actuación que te hace vibrar, danza que te lleva lejos y música que te envuelve. Aquí, las composiciones originales se mezclan con los boleros de siempre, esos que nos hacen suspirar y recordar. Cada movimiento en el escenario tiene una razón de ser, una intención coreográfica que no es casualidad. Según Amador, “El divertimento no es una carcajada vacía, sino una carcajada que invita a pensar”, lo cual es un ‘palo’.

Un elenco de tres generaciones y nueve intérpretes le da vida a Mansión Herminia. Nombres como Lissette Jiménez, Gabo Alcántara, Michelle Cruz, Emilio Fernández, Génesis González, Alexis Luciano, Erika Martínez, Leah Mendoza y Evan Davidi se unen para este espectáculo. Muchos de ellos, egresados de la Escuela Nacional de Arte Dramático de Bellas Artes, lo que asegura un ‘trabajo jevi’. Es más, Erika Martínez, Michelle Cruz y Génesis González se turnarán el rol protagónico, cada una aportando su sazón, su lectura única de esta mujer compleja. Y Lissette Jiménez, con su voz y talento actoral, tendrá una presencia clave en la parte musical y narrativa.

Esta producción tan sentida está dedicada a la memoria del actor Stuart Ortiz, un ‘hermano’ que partió antes de tiempo. “Fue como perder a un hijo. Todavía siento mucho su ausencia”, confiesa Amador con el corazón en la mano. Para honrarle, Gabo Alcántara asumió el personaje que Ortiz había construido, interpretándolo como un sentido homenaje a su amigo. Incluso, una de las funciones será una gala especial en su honor, ¡para que no se olvide!

Para Orestes Amador, volver a la Sala Ravelo con este montaje tiene un significado bien ‘chulo’. El Teatro Nacional fue de los primeros lugares que le abrió las puertas cuando regresó al país, el espacio donde el público comenzó a conectar con su trabajo. “Es maravilloso que este escenario vuelva a servirme para expresar un trabajo tan personal como este”, apunta. Él quiere que la gente “baile, se ría y llore cuando la historia lo provoque”, pero, sobre todo, que “reflexione y no sea tan despiadado al juzgar al otro”. Es un mensaje claro: de lo que muchos ven como ‘oscuro’ o ‘censurable’, puede surgir un verdadero poema escénico. Esta ‘vaina’ es más que un simple show; es una llamada a la humanidad.

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