¡Klk, mi gente! Aquí estamos con un tema que nos tiene a muchos en un ‘lío’: el crédito en República Dominicana. La ‘vaina’ es que, según los reportes, nuestros bancos están haciendo ‘un viaje de’ dinero, con ganancias y solvencia que están ‘de lo más bien’. Pero la pregunta del millón para el dominicano de a pie es: ¿por qué, si a los bancos les va tan bien, el Crédito Caro persiste y las tasas no bajan?
Los números de la Superintendencia de Bancos lo confirman: al cierre de junio de 2026, las utilidades antes de impuestos alcanzaron RD$60,710 millones, un crecimiento interanual del 17.9%. Las ganancias netas subieron a RD$49,714 millones, un 15.8% más. Con un ROE del 18.31% y un ROA del 2.30%, la banca dominicana no solo es rentable, sino que sus activos también crecen robustamente, superando el 56% del PIB. Una envidiable fortaleza para el sector.
Sin embargo, esta bonanza no se traduce en alivio para el bolsillo. En agosto, la tasa de interés activa promedio de los bancos se mantuvo en un significativo 14.08%, con un margen de 6.7 puntos porcentuales sobre la tasa pasiva (7.37%). Este margen cubre costos operativos y riesgos. La rentabilidad no baja automáticamente las tasas; estas se fijan por costo de recursos y riesgo. La subida de la tasa de política monetaria del Banco Central a 5.50% en septiembre, por inflación, hace improbable una reducción de tasas a corto plazo, manteniendo el ‘Crédito Caro’ apretado.
La paradoja es evidente: a pesar de una morosidad bajísima del 1.89% a mayo, y una solvencia del 18.71% (muy por encima del mínimo regulatorio), esta solidez bancaria no se materializa en financiamiento más flexible. El crédito, si bien creció en general (RD$2.45 billones), lo hizo de manera desigual; el consumo y las tarjetas de crédito se contrajeron, golpeando directamente al bolsillo del dominicano que busca préstamos personales.
Para desentrañar esta ‘vaina’, el economista Juan del Rosario apunta al mecanismo de aprovisionamiento: ‘para el banco prestar un peso, él tiene que recibir en ahorro dos pesos’. Esta regla, según él, encarece el dinero y limita la baja de tasas, sugiriendo reformar el Código Monetario y Financiero. También critica que las tasas no responden a la oferta y la demanda, ni se transmiten eficazmente las medidas de política monetaria al usuario final. Ponerle un ‘paro’ a esa falta de conexión y reorientar el financiamiento hacia sectores productivos, en vez de solo al consumo, es crucial para una economía más equitativa y un sistema financiero más ‘bacano’.
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