¡Ay, mi gente! La semana arrancó con una noticia que nos tiene a más de uno con el ojo puesto: el Colectivo Migración y Derechos Humanos (CMDH), haciendo la ‘diligencia’, entregó al Palacio Nacional más de mil firmas. ¿Para qué? Para pedirle al presidente Luis Abinader que quite de una vez el protocolo que permite los operativos migratorios dentro de los hospitales públicos del país. Esta vaina, según dicen, está creando un lío grande, convirtiendo lo que deberían ser centros de salud seguros en lugares donde la gente le coge miedo ir, sea cual sea su condición migratoria.
Imagínese usted, ¿quién en su sano juicio va a querer ir al médico si teme que, además de su quebranto de salud, lo que le espera es un interrogatorio o, peor aún, una detención? El CMDH y sus más de setenta organizaciones de respaldo, entre ellas Cáritas Arquidiocesana y Participación Ciudadana, tienen claro que los hospitales deben ser santuarios. Son espacios donde la vida tiene que ser prioridad absoluta, sin importar si eres dominicano, haitiano, o de por allá ‘fuera’. Ponerle trabas al acceso a la salud por el estatus migratorio es meter la pata, y bien hondo.
La preocupación principal se centra en la presencia de agentes migratorios en las salas. Esto, más que ordenar, lo que hace es espantar a personas vulnerables como mujeres embarazadas, madres recién paridas y niños. Si una señora con su barriga o con un muchacho en brazos evita ir al hospital por temor a ser cuestionada, no solo estamos poniendo su vida en riesgo, sino la salud pública en general. Es un asunto de lógica: si la gente no se atiende, las enfermedades pueden propagarse, y ahí sí que se arma un coro de problemas para to’ el mundo.
No se trata de negar la potestad del Estado dominicano para manejar su política migratoria, ¡claro que no! Pero una cosa es eso y otra muy diferente es llevar el ‘tigueraje’ de la migración a la cama de un paciente. La Constitución dominicana es clara: la salud es un derecho fundamental para todos. Cuando se ponen barreras, no solo se violenta ese derecho, sino que se fomenta la discriminación y el perfilamiento racial, especialmente hacia nuestros hermanos migrantes haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana, que ya bastante tienen con las vicisitudes del día a día.
Esta situación nos lleva a recordar que la República Dominicana, aunque soberana, forma parte de una comunidad global que aboga por la dignidad humana y el acceso universal a la salud. Históricamente, nuestro país ha enfrentado complejos desafíos migratorios, pero la respuesta nunca debe comprometer la esencia humanitaria de la atención médica. Los hospitales, desde siempre, han sido vistos como lugares de refugio, donde la única ‘vaina’ que importa es salvar vidas y aliviar el sufrimiento, sin pedir papeles ni preguntar de dónde vienes. Es un principio básico que no debería ser tema de discusión, sino de acción.
El llamado del CMDH al Gobierno es contundente y bien ‘jevi’: retirar ese protocolo que no hace más que crear tensión, sacar a los agentes de Migración de los centros de salud y abrir un diálogo sincero. Un coro entre las organizaciones de la sociedad civil, el personal de salud y los organismos especializados para construir políticas migratorias que sean compatibles con la salud pública, la dignidad de la gente y la no discriminación. Al final del día, los hospitales deben ser un espacio seguro para todos los que pisamos este ‘chulo’ territorio dominicano, ¡sin peros ni cuentos!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




