La reapertura de las relaciones comerciales entre República Dominicana y Venezuela es, sin duda, una ‘vaina’ que tiene a muchos con el ojo puesto en las nuevas oportunidades. Sectores claves como el acero, aluminio, plásticos y productos de vidrio, así como los farmacéuticos y químicos inorgánicos, podrían ver un ‘chance’ bacano para que el comercio dominicano expanda sus horizontes y coloque sus productos en el mercado venezolano, según datos de ProDominicana.
Este panorama optimista surge en un contexto donde las exportaciones dominicanas hacia Venezuela han experimentado un descrecimiento significativo. Desde 2019, cuando las ventas superaban los US$42.9 millones, se ha observado una caída constante, llegando a US$12.4 millones en 2025. Esto representa una disminución de 71.1%, lo que refleja una baja dinámica comercial que esta reapertura busca revertir.
Aunque en 2024 hubo un deterioro diplomático, con el Gobierno de Nicolás Maduro rompiendo relaciones tras críticas al proceso electoral venezolano, la noticia aclara que la reducción en las exportaciones ya venía de antes. Esto sugiere que, si bien el ‘lío’ diplomático es parte del contexto, no fue la causa directa atribuible a la sostenida caída del comercio bilateral. Es decir, los problemas eran más profundos que un simple ‘malentendido’ político.
El verdadero punto de inflexión en la balanza comercial entre ambos países se remonta a 2015, con la caída del acuerdo de Cooperación Energética Petrocaribe. A través de este pacto, la República Dominicana le compraba petróleo a Venezuela, creando un vínculo comercial robusto que, al desaparecer, dejó un vacío difícil de llenar y marcó el inicio de una significativa baja en el intercambio.
El economista Juan Del Rosario, experto en comercio internacional, subraya que existe un gran potencial para el intercambio comercial. Sin embargo, pone los pies en la tierra al señalar que el aprovechamiento de estas oportunidades dependerá de que la industria venezolana logre recuperar su capacidad productiva y exportadora. Sin un aparato productivo fortalecido, las posibilidades de un ‘coro’ comercial robusto se limitan bastante.
Venezuela, que en el pasado tuvo una trayectoria industrial importante en áreas como la industria pesada, alimenticia, plástica y farmacéutica, presenta hoy una capacidad productiva mucho más reducida. Esta situación, de desindustrialización, paradójicamente, abre un hueco que productos dominicanos elaborados y del sector farmacéutico podrían llenar, transformando un ‘problema’ para ellos en un ‘chance’ para nosotros.
Por otro lado, la República Dominicana ya ha ajustado sus propias importaciones, dejando de adquirir derivados de hidrocarburos de Venezuela, país al que se le compraron US$11.162 millones el año pasado. Esta reorientación en las compras indica una búsqueda activa de diversificación de suplidores, mientras se exploran nuevas vías para posicionar nuestros productos en el mercado internacional.
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