En el corazón de Santo Domingo, el doctor Samuel Martínez ha puesto sobre la mesa una discusión ‘jevi’ sobre lo que significa ser un verdadero líder en estos tiempos. Según la noticia, con más de tres décadas de experiencia dirigiendo equipos y organizaciones complejas, este médico y epidemiólogo, que dio un giro hacia el mundo ejecutivo, afirma que el verdadero legado de un líder no se mide por cuántos trabajaron para uno, sino por cuántos lograron crecer bajo su guía. ¡Una vaina para pensar y aplicar, de una vez!
La transición de Martínez de la medicina a los puestos ejecutivos no fue un abandono, sino una expansión, como él mismo explica. Aprendió a diagnosticar ‘la vaina’ desde la raíz en la salud y llevó ese mismo enfoque a las organizaciones. Para él, si un equipo no rinde, no es solo culpa de la gente, hay que ir más allá: ¿Qué sistema, qué cultura, qué decisiones o qué falta de dirección están causando ese ‘klk’? Es como ser médico de una empresa, buscando los síntomas y las causas ocultas, ¡bacano!
Su visión, marcada por la epidemiología, le enseñó que los problemas complejos necesitan datos, observación, estrategia, intervención y seguimiento. El doctor Martínez identifica cinco capacidades esenciales para los líderes de hoy: comunicación efectiva, empatía, inteligencia emocional, capacidad de decisión y, lo más importante, la habilidad para desarrollar a otros. Porque, asegún él, un jefe solo administra tareas, pero un líder de verdad consigue que la gente entienda el propósito, participe, crezca y asuma responsabilidades.
Martínez no solo habla de teoría; su experiencia con presupuestos que superan los US$110 millones anuales le ha enseñado que el mal liderazgo también ‘cuesta un viaje de dinero’. Errores como normalizar una cultura de desgaste, confundir actividad con resultados, o no desarrollar al personal, tienen consecuencias financieras bien serias. Es más, a su juicio, una organización puede estar llena de reuniones y correos, y la gente ‘de lo más ocupada’, pero sin avanzar un ‘chele’.
En situaciones de crisis, como las que enfrentó con el cólera o la preparación ante el ébola, Martínez aprendió que lo importante no es intentar ‘mantener el control’, sino ‘mantener o recuperar la dirección’. Su fórmula es clara: diagnosticar bien qué está pasando, establecer prioridades, clarificar roles, comunicar ‘de una vez’ y proteger a la gente. Son principios que aplican lo mismo a una crisis de salud que a una financiera o de personal, ¡con el mismo ‘tigueraje’!
Uno de los puntos clave que el doctor Martínez resalta en sus conferencias es la desconexión entre la alta dirección y los mandos medios. La visión de los ‘peces gordos’ puede ser ‘chula’ en un PowerPoint, pero si los supervisores y gerentes intermedios no saben cómo llevarla a la práctica diaria, esa visión se queda ‘en el aire’. Por eso, plantea que es crucial fortalecer la comunicación y que los mandos medios sean ese puente entre la estrategia y la realidad en la calle.
Para retener el talento, Martínez dice que no todo es salario. La gente se queda o se va por respeto, reconocimiento, oportunidades de crecimiento y por sentirse escuchada. Él propone hacer ‘conversaciones de permanencia’ antes de que la renuncia llegue a la mesa. Esas preguntas como: ‘¿qué te mantiene aquí?’, ‘¿qué te frustra?’, ‘¿qué necesitas para crecer?’… Son vitales para no hacer la entrevista de salida cuando ya es demasiado tarde.
Reflexionando sobre la República Dominicana, el doctor Martínez identifica talento, creatividad, capacidad de adaptación y una energía emprendedora ‘tremenda’. Pero advierte que hay que seguir fortaleciendo la planificación, la comunicación institucional y, especialmente, el desarrollo de esos mandos medios. Para él, el ‘klk’ no es falta de talento, sino crear más espacios para que ese talento se organice, crezca y lidere con visión.
Además de su trayectoria, Martínez es autor bilingüe de cuatro libros, una ‘vaina’ que nació de su necesidad de compartir experiencias y convertirlas en herramientas para otros. Sus libros abordan desde lo personal hasta lo espiritual, con un mensaje claro: el pasado explica una historia, pero no tiene por qué determinar el futuro. Como él mismo dice: ‘No escribo para impresionar. Escribo para provocar movimiento’.
Finalmente, frente a los cambios tecnológicos y las nuevas generaciones de trabajadores, el doctor Martínez es enfático: el liderazgo tradicional tiene que transformarse. Las personas de hoy buscan, además de un empleo, respeto, crecimiento, propósito y un liderazgo confiable. ‘El líder que no se adapte va a tener problemas’, afirma. Y su consejo a los que empiezan es simple: buscar mentores, hacer preguntas, aprender constantemente y no esperar condiciones perfectas. Porque, ‘el talento sin disciplina se desperdicia. Y los sueños sin acción se convierten en frustración’.
Al resumir más de tres décadas de experiencia, el doctor Samuel Martínez no habla de títulos o presupuestos, sino de ‘dirección y personas’. ‘Liderar es convertir incertidumbre en dirección y potencial humano en resultados. Porque cuando la esperanza va acompañada de acción, siempre produce cambio’.
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