¡Atención, mi gente! Aquí en el patio, cuando se habla de manejar los chelitos del Estado, siempre hay un ojo avizor, y más cuando se trata de la salud de la población. La noticia de la semana que tiene a medio mundo con la boca abierta es el revolú que se ha armado en el Servicio Nacional de Salud (SNS). Resulta que el director ejecutivo, el doctor Julio Landrón, le ha puesto un freno de mano a un viaje de procesos de licitación, específicamente los relacionados con servicios de nutrición y diálisis. ¡Sí, escucharon bien! Esto no es relajo, la cosa va en serio.
Asegún el mismo Landrón, esta decisión viene a raíz de unas denuncias –el reporte de Panorama Nacional fue clave, no se diga más– que prendieron las alarmas sobre un proceso de contratación de servicios de nutrición. La vaina estaba coja, o al menos eso parece, y para garantizar la transparencia, la legalidad y que los cuartos del pueblo se usen de la manera más eficiente, se decidió detener y desestimar dicho concurso. No es la primera vez que se cuestionan las licitaciones en instituciones públicas, pero la rapidez y contundencia de esta acción, la verdad, es para aplaudir.
El SNS es una pieza clave en nuestro sistema de salud, y su buen funcionamiento es vital para la gente de a pie. Esta institución es la encargada de coordinar y gestionar los servicios de salud en toda la red pública, desde los hospitales más grandes de la capital hasta el más chiquito de un campo. Imagínense la responsabilidad que eso conlleva. Cualquier error, cualquier «deficiencia» en sus procesos, puede tener un impacto directo y bien pesado en la calidad de vida de miles de dominicanos. Por eso, cuando se habla de procesos de compras y contrataciones, es crucial que todo esté de lo más bien, sin atajos ni tiguerajes.
El doctor Landrón explicó que el proceso original en cuestión, introducido en diciembre de 2025 por el Comité de Compras y Contrataciones de la entidad, había recibido continuidad por la gestión actual. Pero ojo, que darle continuidad no significa cerrar los ojos. Tras una evaluación técnica y administrativa más exhaustiva, se encendió el bombillo: se identificaron observaciones y deficiencias en la ficha técnica inicial. Y ahí, mi gente, fue donde el director dijo “hasta aquí”. No se puede permitir que por una ficha técnica mal hecha se comprometa la calidad de un servicio tan esencial como la nutrición hospitalaria.
Lo bacano del asunto es que no se quedó solo en ese concurso de nutrición. Landrón, de una vez, instruyó detener todos los procesos de licitación en curso en la institución. ¡Todos! Incluyendo los de diálisis, que también son un asunto delicado y vital para muchísimos pacientes. La idea es revisarlos de pe a pa junto a la Dirección General de Contrataciones Públicas (DGCP), que es la que se encarga de que la Ley 340-17 –la Ley de Compras y Contrataciones Públicas– se cumpla al pie de la letra. Esto es un mensaje claro: aquí no hay vaca sagrada, y la transparencia es lo que va.
La importancia de estos servicios, tanto nutrición como diálisis, no se puede subestimar. La nutrición adecuada es fundamental para la recuperación de pacientes en cualquier hospital, desde un niño con desnutrición hasta un adulto mayor recuperándose de una cirugía. Y qué decir de los pacientes de diálisis, para quienes este servicio es literalmente un salvavidas. Garantizar que estos servicios se contraten de manera correcta, sin irregularidades que puedan afectar la calidad o la continuidad, es una prioridad máxima. Es un asunto de vida o muerte para muchos de nuestros ciudadanos.
El SNS no se ha quedado ahí. Anunciaron que, para los servicios de nutrición, se van a hacer nuevos concursos, pero ahora directamente en los hospitales públicos. ¡Esa es una jugada inteligente! Ajustados a las necesidades específicas de cada centro de salud, con el acompañamiento y la supervisión de la DGCP. Esto promete procesos más eficientes, transparentes y, sobre todo, que respondan a la realidad de cada hospital. Menos burocracia centralizada, más agilidad en la base. Suena a un cambio chulo y con potencial para mejorar la calidad del servicio en cada rincón del país.
Que se revisen de forma integral todos los procesos de compras y contrataciones, fortaleciendo los principios de transparencia, equidad y libre competencia, es lo que la gente espera y lo que el país necesita. La Ley 340-17 no es un adorno; es una herramienta para asegurar que el dinero de nuestros impuestos se invierta bien. Cuando un organismo como el SNS da un paso así, demuestra que está comprometido con la ética y los valores, y que la buena administración de los recursos del Estado es su norte. El tigueraje tiene que irse, y la responsabilidad debe primar.
Este movimiento del SNS, impulsado por el ojo crítico de la prensa investigativa, nos recuerda la importancia de una vigilancia constante sobre los fondos públicos. No es solo detener un proceso, es sentar un precedente. Es decirle a todo el que quiera meter la mano, o simplemente actuar con negligencia, que hay consecuencias y que el pueblo está atento. Esperemos que este sea el inicio de una nueva era donde la eficiencia y la pulcritud sean la norma, no la excepción, en todas las instituciones del Estado. ¡Porque la salud de nuestra gente no es un relajo!
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