¡Atención, mi gente! La Dirección General de Migración (DGM) ha vuelto a dejar claro que aquí en el patio la ley se respeta, y está metiendo el pie con los controles migratorios. Resulta que este jueves, en un operativo a nivel nacional que puso a correr a un viaje de gente, las autoridades detuvieron a 1,135 extranjeros en condición irregular. Lo más impresionante es que, de ese número, 1,124 fueron deportados de una vez a su país de origen, con un buen lote entregado por la frontera de Elías Piña.
No es un secreto para nadie que la situación migratoria es un tema candente en la República Dominicana. Históricamente, hemos tenido una relación compleja con nuestro vecino Haití, y el flujo constante de personas que buscan mejores oportunidades ha puesto a la DGM a trabajar de lo lindo. Estos operativos no son ocurrencias; responden a una política de Estado que busca poner orden y garantizar la presencia legal de los extranjeros en nuestro territorio, siempre, claro está, con un ojo puesto en el respeto a los derechos humanos, como ellos mismos dicen.
La DGM no anda sola en este tigueraje. Contaron con el apoyo del Ejército de República Dominicana, la Policía Nacional y el Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (CESFRONT), lo que demuestra que cuando se trata de la seguridad de la frontera y de la soberanía, el Estado se organiza y se pone las pilas de to’ los la’os. De las 1,135 detenciones, 699 fueron realizadas directamente por los agentes de Migración, mientras que 436 personas fueron entregadas por esas otras instituciones que están siempre en el frente de batalla.
Las cifras de las deportaciones son bien reveladoras de dónde está el punto caliente. Elías Piña se llevó el grueso con 591 devueltos, seguido por Dajabón con 323, Jimaní con 144 y Pedernales con 66. Esto es lo que se espera, porque al final del día, esas son las puertas principales de entrada por la frontera terrestre. Pero que nadie se equivoque, los operativos no se quedaron solo en la frontera; el trabajo se extendió por todo el país, demostrando que donde quiera que haya una situación irregular, la DGM va a estar al acecho.
En el Gran Santo Domingo, por ejemplo, los agentes hicieron un trabajo bacano, con 138 interdicciones, el número más alto en una sola jurisdicción. La Altagracia y La Romana, dos polos turísticos importantes, también sumaron su cuota con 50 detenciones. Esto nos dice que no solo es un problema de la frontera; la gente busca trabajo y oportunidades en las grandes urbes y en las zonas de mayor desarrollo económico, y ahí es donde también hay que meter el pie con los controles.
En la región del Cibao, se armó un buen corre-corre. La Vega reportó 70 detenciones, Mao/Santiago Rodríguez 66, Dajabón 59, Santiago de los Caballeros 40, Monte Cristi 18 y Puerto Plata 4. Cada una de estas zonas, con sus particularidades económicas y sociales, tiene su propio atractivo para quienes buscan la vida por aquí. Y en la zona sur y fronteriza, aparte de las deportaciones por los cruces, también hubo detenciones en Elías Piña (61), Pedernales (60), San Juan de la Maguana (45), Independencia (Jimaní) (42), Barahona (34) y el eje Azua/Peravia (12). Es evidente que no dejaron un solo rincón sin revisar.
El tema de la migración en República Dominicana va mucho más allá de estos números. Es una cuestión que toca la economía, la cultura, la infraestructura social y hasta la percepción internacional del país. La DGM, al aplicar estas medidas, no solo está cumpliendo con su mandato de hacer valer las leyes migratorias, sino que también está respondiendo a una preocupación genuina de la gente del patio sobre la capacidad del país para absorber un flujo migratorio tan grande, especialmente cuando la cosa en Haití está más dura que un coco.
Muchos dominicanos sienten que la presencia irregular de extranjeros afecta los servicios públicos, la disponibilidad de empleos y hasta la seguridad. Por eso, el Gobierno, a través de la DGM, asegura que estas jornadas son esenciales para mantener un balance y evitar el caos. No es para buscar pleitos con nadie, sino para proteger lo nuestro y garantizar que cualquier persona que esté aquí, lo esté de forma legal y ordenada. La presión internacional sobre el manejo migratorio siempre está ahí, y no es fácil navegar ese mar. Sin embargo, la política dominicana ha sido clara: defender la soberanía y aplicar las leyes.
Mirando hacia adelante, se espera que estos operativos de la DGM sigan siendo una constante. El control migratorio es un desafío permanente, y más con la situación actual en el país vecino. Los que están al frente de Migración tienen un trabajo chulo, pero a la vez con un compromiso serio para el país. Hay que estar consciente de que este es un tema que siempre va a estar en la palestra, y que requiere de una mano dura pero justa, como se ha prometido. La República Dominicana seguirá siendo un país abierto, pero con sus reglas claras, porque aquí, el que no cumple, no se queda.
En resumen, la DGM se la está comiendo en su trabajo, ejecutando una política migratoria que busca el equilibrio entre la necesidad de mano de obra en ciertos sectores y la protección de los derechos de los dominicanos y de los extranjeros que cumplen con la ley. El camino no es fácil, pero con el pie en el acelerador, la dirección parece clara. Es de esperar que estas acciones contribuyan a un manejo más eficiente y humano de la migración en nuestro querido país.
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