Imagínense esta ‘vaina’: Barry Bonds, el ‘duro’ de los jonrones, pudo haberse puesto el uniforme a rayas de los legendarios Yankees de Nueva York. La posibilidad de ver a Barry Bonds con los Yankees ha sido siempre un ‘qué pasaría si…’ grande en la chercha beisbolera. Ahora, gracias a su propia boca, sabemos que estuvo a ley de una llamada que lo cambió todo.
Resulta que en la agencia libre de 1992, George Steinbrenner, ‘El Jefe’ de los Yankees, conocido por su tigueraje, se ‘montó en el medio’ y le hizo una oferta para convertir a Bonds en el pelotero mejor pagado de la historia. Cualquiera diría que esa propuesta era de las que uno acepta ‘de una vez’. Los Yankees son la franquicia más icónica, y la chequera de Steinbrenner siempre estuvo ‘a su gusto’ para conseguir lo mejor.
En aquel entonces, Bonds venía de una carrera estelar con los Piratas de Pittsburgh, mostrando un talento descomunal en todos los aspectos del juego. Su poder al bate y su agilidad en el campo lo hacían el paquete completo, un jugador que podía transformar cualquier franquicia. Steinbrenner, con esa visión de águila que lo caracterizaba, lo sabía, y estaba dispuesto a tirar la casa por la ventana para traerlo al Bronx y seguir forjando la leyenda de los ‘Mulos del Bronx’.
La anécdota, que Bonds reveló durante la transmisión de un juego de Netflix, es de esas que te dejan con la boca abierta. Steinbrenner, ni corto ni perezoso, lo llamó directamente y le soltó: ‘Barry, nosotros te vamos a dar el dinero, te haremos el jugador mejor pagado de la historia, pero tienes que firmar antes de las 2:00 de la tarde’. La presión era ‘dura’, un ultimátum que solo un personaje como Steinbrenner se atrevería a dar. Pero la reacción de Bonds fue aún más ‘jevi’.
Según el propio Bonds, su respuesta fue un simple ‘¿Perdón?’, para luego ‘guindarle’ el teléfono a uno de los dueños más influyentes y temidos del béisbol. ¡Una ‘vaina’ de respeto! Su agente, Dennis Gilbert, le llamó ‘de una vez’, como quien dice, ‘klk, ¿tú sabes lo que hiciste?’. Pero Bonds, con esa calma que lo caracterizaba, le replicó, ‘¿tú sabes lo que él me dijo a mí?’. Fue un momento donde el orgullo y quizás la forma no le ‘cuadraron’ al toletero.
Después de ese cruce con ‘El Jefe’, Bonds se fue a buscar el almuerzo, dándole mente a la situación. En ese momento de reflexión, recibió otra llamada, esta vez de los Gigantes de San Francisco. Y la respuesta de Bonds fue contundente: ‘Me iré a casa’. Y es que San Francisco era más que un equipo para él; era su hogar. Su padre, el fenecido Bobby Bonds, fue una estrella con los Gigantes por siete temporadas, y lazos familiares como ese tienen un peso emocional que a veces ni todo el dinero del mundo puede superar.
Finalmente, Bonds firmó con los Gigantes un contrato de US$42.75 millones por seis años, una cifra astronómica para la época. En la Bahía, se ‘lució’ y se consolidó como uno de los más grandes, acumulando 586 bambinazos y 1,440 remolcadas adicionales con esa camiseta. Aunque su carrera estuvo rodeada de controversias, su impacto y números lo colocan en un lugar privilegiado. Siempre quedará la ‘espina’: ¿qué hubiera pasado si Barry Bonds no le hubiera ‘guindado’ el teléfono a Steinbrenner y se hubiera vestido de Yankee?
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