¡Pero qué vaina! La situación que vive un ciudadano en Santo Domingo, quien sufrió un robo domiciliario y ahora se enfrenta a un verdadero ‘peloteo’ policial, es el pan nuestro de cada día para muchos dominicanos. Apegado a la legalidad y con pruebas en mano –un video claro donde se ve al malhechor como si nada–, este compatriota se ha topado con una pared de burocracia y desidia. Es una realidad que nos da en la mismísima cara: la gente clama por justicia, pero el camino para conseguirla a veces se vuelve más enredado que un nido de culebras.
El hombre narra que, a pesar de la evidencia tan contundente, las autoridades de la Policía Nacional lo han mandado de destacamento en destacamento, como si fuera una bolita de ping-pong. Esa falta de una ruta clara para asentar una denuncia formal es lo que tiene a la ciudadanía con un pie adelante y otro atrás. ¿Cómo es posible que, con el ‘tigueraje’ de la delincuencia campando por sus respetos y la tecnología para captarlos, la maquinaria para hacer valer la ley se vea tan lenta o renuente a actuar?
Aquí en el patio, sabemos que nuestros policías tienen una inteligencia operativa que, cuando se pone a funcionar, encuentra hasta una aguja en un pajar. Por eso, que este ciudadano, y muchos otros, se sientan desamparados y piensen que hay falta de voluntad, es un golpe bajo a la confianza pública. La gente no entiende por qué, teniendo un rostro y una prueba tan clara, la acción no es ‘de una vez’. Es una preocupación legítima que revela una brecha entre la capacidad institucional y la percepción de su eficacia.
La situación también pone en evidencia un desconocimiento generalizado sobre el procedimiento adecuado a seguir después de ser víctima de un crimen. Muchos ciudadanos se sienten perdidos, sin saber si deben ir directamente al Ministerio Público, a la Dirección Central de Investigaciones Criminales (DICRIM, antes DIJIN), o si el proceso empieza sí o sí en un destacamento local. Esta nebulosa procedimental, lejos de facilitar la justicia, la entorpece y desanima a las víctimas a seguir adelante con sus casos.
Este episodio, que suena a cuento de camino pero es pura realidad, subraya la necesidad urgente de simplificar y socializar los protocolos de denuncia. Las autoridades tienen la responsabilidad de asegurar que el acceso a la justicia no sea una odisea, sino un derecho expedito. No es justo que un ciudadano que se esfuerza por documentar su caso, tenga que rogar para que le presten atención. Necesitamos un sistema donde la eficiencia sea la norma, no la excepción.
Al final del día, lo que este compatriota busca es simple: que se haga justicia. Su llamado a la comunidad para encontrar una solución rápida a esta ‘traba burocrática’ resuena con el sentir de muchos que se han visto en situaciones similares. Es un recordatorio de que la seguridad ciudadana y la confianza en nuestras instituciones son pilares fundamentales para una sociedad que aspire a estar ‘de lo más bien’.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



