El ministro de Defensa, teniente general Carlos Antonio Fernández Onofre, ERD., se dio su buena vuelta por Jimaní, esa zona de nuestra frontera que siempre está activa, para chequear de cerca cómo andan los esquemas de defensa y la crucial seguridad fronteriza. Esta supervisión no es solo un acto protocolar; es una reafirmación del compromiso de nuestras Fuerzas Armadas con la soberanía nacional, asegurándose de que todo el despliegue de tropas y los mecanismos de control estén ‘de lo más bien’ y funcionando como un reloj suizo.
Históricamente, la frontera dominico-haitiana, con sus más de 300 kilómetros, ha sido un punto de desafíos constantes para el país. Desde los tiempos de la colonia hasta hoy, mantener el orden y la integridad territorial ha sido una vaina de cuidado, marcada por terrenos difíciles, pasos informales y una dinámica migratoria particular. Es por eso que la presencia de alto mando militar es vital, no solo para dar ánimo a los soldados, sino para entender las realidades del terreno y ajustar las estrategias en tiempo real, porque aquí no se puede relajar nadie.
Jimaní, en particular, tiene una importancia estratégica tremenda. Es un cruce clave para el comercio binacional, tanto formal como informal, y un punto sensible en cuanto a la migración irregular. El ‘coro’ de la zona depende mucho de cómo se maneje la seguridad, ya que cualquier desestabilización puede impactar directamente la vida de la gente que reside y trabaja allí. Un control fronterizo efectivo significa no solo menos problemas, sino también más oportunidades para el desarrollo local, lejos del ‘tigueraje’ del contrabando y la delincuencia.
Más allá de la supervisión de las tropas, estos recorridos permiten evaluar la implementación de nuevas tecnologías y sistemas de inteligencia. La seguridad en la frontera ya no es solo cuestión de fusiles y botas; ahora se integran drones, cámaras de vigilancia térmica y herramientas de análisis de datos para anticipar movimientos y amenazas. Esto transforma el trabajo de nuestros soldados, dándoles más recursos para enfrentar los complejos desafíos que van desde el narcotráfico hasta el tráfico de personas, que es un dolor de cabeza constante.
El impacto de un robusto sistema de seguridad en las comunidades fronterizas es innegable. La gente de Jimaní y sus alrededores se siente más tranquila y protegida cuando ve a sus autoridades y al ejército con los pantalones bien puestos. Esto fomenta un ambiente de confianza que, a su vez, puede atraer inversiones y mejorar la calidad de vida. Menos contrabando y más control significan una economía local más sana y menos expuesta a las ‘vainas’ ilícitas que tanto daño le hacen a nuestra gente y a la reputación de la zona.
En su intercambio con el comandante general del Ejército, mayor general Jorge Iván Camino Pérez, se puso de manifiesto la necesidad de mantener una vigilancia constante y adaptativa. Los escenarios pueden cambiar ‘de una vez’ y es fundamental que las Fuerzas Armadas estén siempre un paso adelante. Esto incluye no solo la disuasión de amenazas externas, sino también la colaboración con otras agencias para combatir el crimen organizado que opera a través de estas rutas tan transitadas, moviendo ‘un viaje de’ cosas que no deberían.
El compromiso del Ministerio de Defensa es un pilar fundamental para la estabilidad del país. Acciones como estas visitas no solo refuerzan la moral de las tropas, sino que también envían un mensaje claro a quienes intentan quebrantar la ley: la República Dominicana está ‘dura’ en su frontera. La inversión en equipo, capacitación y personal es continua, asegurando que nuestra gente y nuestro territorio estén protegidos de cualquier ‘vaina’ que intente dañarnos.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




