¡Ay, mi gente! Si hay una vaina que nos llena de orgullo y nos demuestra que los dominicanos estamos en todos los lados, es ver a nuestros talentos brillando fuera del patio. Eso fue lo que pasó en la pasada Feria Internacional del Libro de Bogotá, la conocida FILBO. Nuestro querido escritor Euri Cabral, junto a su esposa Zinayda, nos representó de lo más bien en la capital colombiana, lanzando la edición internacional de su libro ‘Juan Luis Guerra, compromiso y poesía’. Un junte bacano que puso a sonar la dominicanidad en tierras lejanas, ¡y eso es lo que nos gusta!
Bogotá, ¡qué ciudad más chula! Con ese clima siempre fresquito y su gente amable, no es de extrañar que un viaje de dominicanos la haya escogido como destino preferido. Colombia no nos exige visa, un gancho jevi. Asegún Arajet, la línea aérea que nos lleva por ahí, medio millón de dominicanos volaron en el primer trimestre de este año, y Colombia es el segundo destino más visitado después de Estados Unidos. Así que, klk con esa conexión, ¡está de lo más bien!
Más allá de lo turístico, la verdadera cereza del pastel fue la FILBO, un evento de talla mundial que atrajo a casi un millón de visitantes. Aquí hay que pagar entrada, pero eso no detiene a la gente; las filas eran un viaje. Con una programación intensa de más de 2,300 actividades, desde lanzamientos hasta conversatorios, es un ‘coro’ cultural impresionante que se vive por los 23 pabellones de su recinto ferial.
Aunque no hubo un stand oficial del Ministerio de Cultura, el tigueraje dominicano dijo ‘presente’ de forma individual o con apoyo de casas editoriales. Nuestros escritores no se quedaron atrás, ¡para nada! Se lanzaron obras como ‘En la sombra del autismo’ de Alci Polanco, ‘Amor y desamor en la diáspora’ de Zenaida Méndez, y un grupito de la mano del Grupo Editorial Sial Pigmalión, que declaró el 1 de mayo como el ‘Día Dominicano en la Feria’, ¡qué vaina más digna!
Ese día fue especial para la literatura dominicana, con obras como ‘La conjura haitiana y la maldición dominicana’ de Francisco Tavarez, el poemario ‘Ojo de madera’ de Alfonso Quiñones, y ‘Todavía’ de Lizabel Collado. Y claro, el libro de Euri Cabral sobre Juan Luis Guerra, que como buen referente cultural, acaparó la atención en el pabellón de España. Alfonso Quiñones, no se equivocó al decir que es una ‘joyita de la musicografía dominicana’, ¡y eso es decir mucho!
El libro de Juan Luis Guerra, figura icónica que ha llevado la bachata y el merengue por el mundo, no solo celebra su arte, sino que explora su compromiso espiritual. Es crucial entender la profundidad de su mensaje, que va más allá de la música pegadiza. Su historia es un testimonio de fe y talento que resuena con un público amplio, un ‘ejemplo’ que muchos dominicanos seguimos de cerca. La presencia de estas obras en eventos internacionales como la FILBO eleva el perfil cultural del país y muestra la riqueza de nuestra producción intelectual.
La movida dominicana en la FILBO, con la presencia de diplomáticos y otras personalidades, refuerza la importancia de la diáspora y la promoción de nuestros valores culturales fuera de nuestras fronteras. Es una oportunidad de oro para que el mundo conozca más de cerca lo que se cocina en nuestra literatura y cómo nuestros artistas, en todas sus facetas, siguen dejando huella. ¡Esa es la vaina!
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