La situación internacional, siempre un tema de conversación en el patio, ha puesto al Gobierno dominicano con las pilas puestas, buscando cómo minimizar el impacto de la crisis en Medio Oriente sobre nuestra querida economía dominicana. El presidente Luis Abinader y la vicepresidenta Raquel Peña, junto a todo su equipo, se reunieron en el quincuagésimo séptimo Consejo de Ministros, una muestra clara de que esta vaina no es un relajo y hay que meterle mano de una vez.
José Rijo Presbot, el director general de Presupuesto, soltó los detalles de una jugada estratégica para generar RD$40,000 millones. Esto no es inventando, señores, es optimizando y conteniendo el gasto público, manteniendo los compromisos ya firmados pero revisando cada peso no comprometido. Este tipo de tigueraje fiscal, que busca eficiencia sin sacrificar lo esencial, es crucial para la estabilidad del país, especialmente considerando que históricamente la República Dominicana ha tenido que sortear choques externos con una disciplina de hierro.
Las medidas son de lo más serias y abarcan un amplio espectro. Abaratan gastos operativos, se le baja el ritmo a la adquisición de vehículos – a menos que sea para asistencia social o seguridad alimentaria, que son sagradas –, se reducen las reparaciones menores y se racionalizan servicios y contrataciones. Ni hablar de la limitación de eventos con costos mínimos, ajustes en textiles, vestuario, viáticos, pasajes, combustible y publicidad. Y pa’ que se sepa que esto va en serio, se le metió un recorte del 50% al presupuesto de los partidos políticos. ¡Asegún Presbot, todo esto es pa’ blindar la nación!
El ministro de la Presidencia, José Ignacio Paliza, fue claro como el agua: el principal golpe que recibimos como nación pequeña es el alza en los precios del petróleo. Un aumento sostenido de US$10 por barril nos implica un viaje de US$763 millones adicionales en la factura anual, una cifra que aprieta el bolsillo de todo el que depende de un vehículo o de la guagua. Históricamente, nuestra economía, altamente dependiente del crudo importado, siempre ha bailado al son de los precios internacionales, impactando directamente en la inflación y el costo de vida de la gente.
Magín Díaz, ministro de Hacienda y Economía, reforzó la idea de que estamos frente a uno de los mayores choques de precios que recordamos. Sin embargo, el Gobierno tiene una estrategia robusta con tres pilares: preservar la estabilidad macroeconómica, fiscal y social; mitigar el impacto en la canasta básica y los insumos agrícolas; y sostener la inversión pública. Gracias a unas reservas internacionales que superan los US$16,000 millones y la gestión atinada del Banco Central, que mantiene la estabilidad cambiaria y favorece el crecimiento, el país se ha mantenido a flote mejor que otros de la región, demostrando un liderazgo y una visión que dan esperanza.
Aunque el costo fiscal de estas medidas es significativo, la protección a las familias dominicanas y la sostenibilidad económica son la prioridad. Esto no es solo cuestión de números fríos, sino de asegurar que la gente pueda seguir echando pa’ lante a pesar de las adversidades globales. Es un esfuerzo colectivo que requiere prudencia, visión y el apoyo de todos los sectores para que la República Dominicana siga demostrando su capacidad de resiliencia frente a cualquier eventualidad. La ‘chercha’ económica debe esperar; ahora toca asegurar el plato en la mesa de cada dominicano.
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