En el corazón de la provincia Peravia, cuna de innumerables talentos del béisbol, ha surgido una figura que desafía la lógica deportiva tradicional. Se trata de Moisés Ortiz, un joven imponente de siete pies y dos pulgadas, cuya estatura, usualmente ligada al aro o al diamante, lo llevó a tomar una decisión fuera de lo común en nuestro patio: dedicarse al voleibol. ¡Qué ‘tigueraje’ tan chulo ver a alguien romper con el molde!
La historia de Ortiz es un soplo de aire fresco en la República Dominicana, donde el tamaño y la fuerza física a menudo dirigen a nuestros jóvenes talentos directamente hacia el montículo o la cancha de baloncesto. Sin embargo, para Moisés Ortiz, su visión siempre estuvo fija en la red. ‘Asegún’ la noticia, esta elección no fue fortuita, sino profundamente influenciada por su madre, Lourdes Valdez, quien se destacó como jugadora de voleibol en la década de los 2000. Él decidió seguir ese legado familiar, mostrando que la pasión puede más que la presión social o las expectativas.
A pesar de que sus familiares y amigos, con la mejor de las intenciones, lo proyectaban como un futuro pelotero de grandes ligas —la ‘vaina’ de siempre en Baní—, Moisés no se identificó con la pelota. Fue tras terminar la secundaria cuando un ‘coro’ casual con una amiga de su madre, Evelin García, lo invitó a ‘volear’. Ese primer contacto con el balón fue revelador. “Me enamoré desde la primera vez que toqué el balón”, expresó Ortiz en una entrevista, recordando cómo todos en el pabellón se quedaron ‘atónitos’ al verlo por primera vez, pero rápidamente reconocieron su potencial cuando hizo su primer saque.
Su estatura, combinada con un talento innato, le abrió las puertas a nuevas oportunidades. Con el respaldo de la federación y el programa CRESO, el banilejo Moisés Ortiz obtuvo una beca para estudiar en Estados Unidos. ‘Asegún’ el reporte, actualmente forma parte del equipo de la Universidad de Park en la NCAA, donde continúa su desarrollo como atleta, puliendo sus habilidades para convertirse en la torre que el voleibol dominicano necesita. Este paso en su carrera es fundamental para sus aspiraciones de un día vestir la camiseta de la selección nacional.
Pero ser un gigante no es solo ventajas, ¡eh! Ortiz mismo admite que su impresionante altura, a veces, es un ‘pique’ en el día a día. Describió los retos cotidianos, como la odisea de subirse a los corredores entre Baní y la capital, o el Metro, e incluso la dificultad de encontrar ropa y calzado. “La gente no se imagina lo complicado que es vivir con este tamaño”, comentó. A menudo, ‘tá’ obligado a pagar dos asientos en el transporte público o buscar asientos especiales en vuelos comerciales, una ‘vaina’ que cualquiera de nosotros de tamaño regular ni se imagina.
Ahora, con la mira puesta en Santo Domingo 2026, Moisés Ortiz se prepara para un posible debut con la selección dominicana de mayores en un evento multideportivo. Esta es una oportunidad de oro para él y para el país. ‘Asegún’ la noticia, el equipo técnico de la Federación Dominicana de Voleibol aspira a repetir o, mejor aún, superar la medalla de plata obtenida en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2023. La presión es real, pero la ilusión de representar a la nación frente a su gente es un motor potente para este joven, quien sigue el mismo régimen de entrenamiento que sus compañeros, quienes actualmente realizan una base en Colombia. ¡Esperemos que den la ‘patada con to’!
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