¡Qué ‘coro’ más importante y vital se armó en la 79ª Asamblea Mundial de la Organización Mundial de la Salud (OMS)! Con nuestro propio ministro de Salud Pública, Víctor Atallah, presidiendo, esta cumbre cerró con un llamado contundente a la cooperación global. Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director general, enfatizó que, en estos tiempos de desafíos constantes, la ‘salud global’ no es un lujo, sino una necesidad imperiosa. La asamblea, un verdadero punto de encuentro para los ‘tigueres’ de la salud mundial, dejó claro que solo trabajando juntos podremos enfrentar lo que venga, porque, como bien sabemos aquí en el patio, la unión hace la fuerza.
Este ‘junte’ de naciones no fue un camino de rosas, ¡ni cerca! Se llevó a cabo con el telón de fondo de dos situaciones que tenían al mundo en vilo: un brote de hantavirus que afectó a un crucero y la resurgencia del temible ébola. El hantavirus, una infección transmitida por roedores, puede ser grave, especialmente la variante pulmonar que hemos visto en América. El ébola, por su parte, con su alta mortalidad y la memoria fresca de la epidemia de 2014-2016 en África Occidental, siempre pone a uno con los pelos de punta. Estas realidades palpables recordaron a todos los delegados que la prevención y una respuesta coordinada son la clave para que estas ‘vainas’ no se nos vayan de las manos.
Asegún Tedros, la OMS ha pasado por una transformación ‘bacana’, volviéndose más capaz y sostenible, lejos de cualquier crisis. Y es que los resultados de esta asamblea así lo demuestran. Se adoptaron resoluciones importantes, de una vez, para avanzar en temas que nos tocan el alma, como las enfermedades tropicales desatendidas —que afectan a ‘un viaje de’ gente pobre en nuestros países—, la atención de emergencias y el tratamiento de la hemofilia. Estas decisiones representan un paso adelante significativo y muestran que el esfuerzo conjunto da frutos, aunque las negociaciones hayan sido ‘duras’.
El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, lo puso de lo más claro al inicio de la asamblea: los virus no conocen fronteras, ni banderas, ni pasaportes. Esa es una verdad como un templo, especialmente para países como el nuestro, en una isla y punto de convergencia de viajes y personas. La cooperación multilateral es, por tanto, el único camino. Un ejemplo ‘chulo’ de esta colaboración se vio con la coordinación española en la repatriación de los pasajeros del crucero MV Hondius afectados por hantavirus. Incluso con la salida de Argentina de la organización, la puerta sigue abierta para la cooperación, demostrando que la salud está por encima de cualquier diferencia política.
Pero no todo fue ‘jevi’, ya que quedó una ‘vaina’ pendiente que es crucial para el futuro: el anexo del Acuerdo sobre Pandemias, una negociación que viene desde el 2025. Este acuerdo histórico busca establecer cómo los países compartirán muestras de patógenos y cómo se distribuirán equitativamente los beneficios de esa información, como vacunas o tratamientos. Sin este anexo, la realidad es que el mundo no está ‘ready’ para la próxima pandemia. La falta de consenso en este punto es un ‘peligro’, porque si el coronavirus nos enseñó algo, fue que la distribución desigual de recursos puede tener consecuencias devastadoras, especialmente para naciones con menos recursos.
La labor de nuestro ministro Atallah al frente de esta asamblea es un orgullo para el país y resalta el compromiso dominicano con la salud a nivel global. Nos demuestra que el ‘tigueraje’ dominicano también está presente en la diplomacia sanitaria, buscando soluciones y promoviendo la equidad. Enfrentar desafíos como el ébola o la próxima pandemia requiere no solo recursos, sino una voluntad política inquebrantable y una verdadera solidaridad entre naciones. Esperemos que los gobiernos sigan empujando para cerrar esa brecha del acuerdo sobre pandemias, para que el mundo esté verdaderamente preparado y no nos coja ‘desprevenidos’ otra vez.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




