¡Klk, mi gente! Por ahí dicen que ‘Dios aprieta pero no ahorca’, pero cuando uno ve el relajito con los motoconchos, a veces como que se le olvida. La semana pasada, frente a la estación del Metro de Centro de los Héroes, se armó la vaina: un motoconchista rozó un camión, cayó, y de una vez se le prendió la mecha al coro. En cuestión de segundos, los compañeros del motorista ya estaban rodeando el camión, haciendo un tranque del diablo. Esto no es solo un show, es un reflejo de una deuda pendiente que nuestras autoridades, según parece, siguen dándole la vuelta.
Este escenario no es nuevo. Desde que el Corredor Independencia comenzó a operar, dejando a un viaje de gente sin sus tradicionales guaguas y carros públicos, el ‘tigueraje’ de los motoconchos encontró su nicho. De la noche a la mañana, decenas de motoristas con chalecos identificativos, muchos sin registro ni licencia, se apoderaron de espacios públicos, creando paradas improvisadas donde antes no había. Esta informalidad no solo causa congestión y pone en riesgo a peatones y conductores, sino que también revela la ausencia de una estructura formal que integre este importante medio de transporte a la movilidad urbana, un tema que se cocina a fuego lento en nuestro país.
Asegún la Ley 63-17 de Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial, la regulación de los motoconchos es una ‘pelota caliente’ compartida entre el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant) y la Alcaldía del Distrito Nacional (ADN). Sin embargo, cuando uno pide información sobre las paradas autorizadas o los registros, la respuesta es un ‘eso no es conmigo, pregúntale al otro’. Es decir, se tiran la vaina de un lado a otro como si nadie quisiera coger cabeza. Esta falta de coordinación no solo es irresponsabilidad; es una burla a la ley y a los ciudadanos que claman por orden.
La cruda realidad que nos suelta la Dirección General de Impuestos Internos (DGII) y el Intrant es para coger susto: para abril de 2026, casi cuatro millones de motocicletas circulaban en el país, pero ¡apenas once mil choferes tienen una licencia legal para conchar! Esa es una diferencia brutal, mi gente. Esto significa que un viaje de gente está por ahí en la calle, exponiéndose y exponiéndonos a todos, sin el mínimo requisito legal. Es una bomba de tiempo que tenemos rodando por todas nuestras calles, y eso, ¡es una vaina seria!
Y no es que no se haya intentado nada, que conste. Por ejemplo, el Plan Nacional de Registro de Motocicletas, iniciado en 2021 y descontinuado en 2023, buscaba precisamente ponerle un poquito de orden a este desmadre. La idea era censar, identificar y regularizar, tanto por seguridad vial como ciudadana. Pero ¿qué pasó? Se quedó a medio palo. Las propias memorias del Intrant de 2025 muestran que sí se realizaron censos y se recibieron solicitudes de registro para paradas de mototaxis, ¡contrario a lo que dicen ahora! Es como si se les olvidara lo que hicieron ayer, una chercha con la transparencia, ¿usted no cree?
Lo bacano es que hay soluciones, si las autoridades de verdad quieren coger el toro por los cuernos. Expertos en movilidad urbana proponen no eliminarlos, sino integrarlos al sistema formal como un servicio de ‘última milla’. Esto implicaría crear infraestructuras de transferencia exclusivas y bien señalizadas cerca de estaciones de metro y teleférico. Otros países, como Brasil, ya han implementado modelos donde se establecen normas claras de fiscalización y requisitos administrativos. No hay que inventar la rueda; solo hay que tener la voluntad de organizar el coro y dejar de darle la espalda al problema, que está de lo más claro para todo el mundo.
La situación de los motoconchos es más que un simple problema de tránsito; es un reflejo de la informalidad y la falta de gobernanza. Ya es hora de que Intrant, la Alcaldía y el Gobierno en general dejen de tirarse la ‘pelota caliente’ y se pongan a trabajar de una vez por todas. Es tiempo de regular, de formalizar y de garantizar que tanto los motoristas como los usuarios y peatones estén seguros en nuestras vías. La seguridad y el orden en las calles son una prioridad, y eso, ¡no es una chercha! Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




