¡Klk, mi gente! La gigante Amazon, esa misma que nos trae de todo a la puerta, se metió en un lío bacano por querer que sus empleados usaran la Inteligencia Artificial (IA) hasta por los codos. Al principio, la idea era chula: implementar una herramienta interna, el famoso Kirorank, que medía cuántos tokens de IA gastaban los desarrolladores, buscando motivarlos a integrar esta tecnología en su día a día. El objetivo era ambicioso, que el 80% del equipo le diera uso a la IA cada semana, pero la realidad, como siempre, nos demostró que el dominicano no es el único con ‘tigueraje’ en la sangre.
Resulta que los ingenieros de Amazon, gente que no come cuento, le buscaron la vuelta de una vez a la métrica. Empezaron a usar la IA, sí, pero para automatizar tareas sin valor, repetitivas y hasta absurdas, con el único fin de inflar sus números en el Kirorank y escalar posiciones. Esto, que parece una chercha de oficina, terminó en un despilfarro de recursos y dinero, ya que el consumo desmedido de tokens disparó los costos de computación e infraestructura de la compañía por las nubes. ¡Imagínate tú el disparate!
El vicepresidente sénior, Dave Treadwell, tuvo que salir al frente, con la cola entre las patas, para admitir que el experimento, diseñado con ‘buenas intenciones’, había sido un fiasco. La famosa práctica del ‘tokenmaxxing’, o inflar el consumo de tokens artificialmente, se les fue de las manos, dejando un agujero en el presupuesto que no está de lo más bien, considerando que Amazon lleva meses haciendo despidos masivos para recortar gastos. La compañía, que tiene un plan de inversión en infraestructura de IA que es un viaje de dinero, ahora pide a sus ingenieros que por favor, no usen la IA solo por usarla, sino para crear productos útiles y eficientes.
Esta vaina de Amazon no es un caso aislado. A lo largo del Valle del Silicio, empresas como Meta y Microsoft han enfrentado situaciones parecidas, donde la obsesión por medir y gamificar el uso de la IA ha llevado a los empleados a gastar recursos de manera ineficiente. La presión por figurar en los rankings internos se convirtió en un incentivo perverso, alejando a los equipos del verdadero propósito de la innovación tecnológica. Esto subraya un desafío fundamental en la era digital: cómo equilibrar la promoción de nuevas herramientas con la necesidad de mantener la productividad y el valor real.
La lección aprendida es clara: la IA es una herramienta poderosa, pero su uso debe ser estratégico y bien pensado. Amazon, que ahora busca medir la calidad y el impacto de las interacciones con la IA, en lugar del consumo bruto de tokens, está dando un paso en la dirección correcta. El foco se está moviendo hacia los ‘despliegues normalizados’, es decir, cuántas veces la IA se traduce en código útil y directamente integrado en los productos de la empresa. Al final, no es cuánto usas la tecnología, sino cómo la usas para agregar valor real. Esto nos enseña que hasta las empresas más grandes pueden tropezar cuando no alinean sus métricas con sus objetivos estratégicos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




