La noticia que nos llega desde la India es de esas que te dejan con la boca abierta y pensando ‘¿pero y qué es lo que pasa aquí, klk?’. Un video se ha vuelto viral, y con razón, mostrando a un hombre haciendo un ‘tigueraje’ que, de verdad, es para morirse del susto. Asegún las imágenes, el tipo estaba en un séptimo piso, encaramado en un alféizar estrecho como una lagartija, ¡con un celular en la mano intentando espiar vecinos! Una verdadera ‘vaina’ loca que cualquiera diría, ‘este perdió el juicio de una vez’.
Este tipo de fenómenos virales, donde la gente se la juega por una vista o un ‘coro’ en redes, pone en evidencia esa obsesión moderna por el contenido a toda costa. No es solo un ‘chisme de vecindario’, sino un reflejo de hasta dónde podemos llegar por una foto, un video, o simplemente por la curiosidad morbosa. En nuestra cultura dominicana, a la ‘chusma’ siempre le ha gustado saber lo que hace el de al lado, pero esto ya lleva la ‘chercha’ a otro nivel, arriesgando la vida por lo que sea.
Más allá de lo descabellado de la maniobra, que es un verdadero peligro mortal, está el tema de la invasión a la privacidad. ¿Qué buscas? ¿Qué esperas encontrar? ‘Asegún’ las redes, las teorías eran muchas: desde un voyeur nato hasta un pobre hombre encerrado por su esposa que buscaba un ángulo para escapar. Sin importar el motivo, el hecho de que alguien se exponga a una caída de esa altura para ‘fisgonear’ es un caso de psicología bastante peculiar, que raya en el desprecio por la propia vida y la de los demás.
Este incidente nos hace reflexionar sobre los límites. En la República Dominicana, aunque la gente sea ‘un viaje de’ curiosa, hay reglas no escritas y leyes que protegen la privacidad. Grabar a alguien en su espacio privado sin consentimiento, es una ‘vaina’ que puede traer problemas serios. Este ‘chulo’ acto, que a primera vista parece ‘bacano’ por la audacia, en realidad es una irresponsabilidad que fácilmente podría haber terminado en tragedia y no en un video ‘jevi’ para TikTok.
En fin, la moraleja de este cuento es clara: hay cosas que no valen la pena. Ningún video, ninguna foto, ninguna información sobre lo que hace tu vecino vale el riesgo de perder la vida o de caer preso por andar de ‘chusmoso’. La vida ‘está de lo más bien’ para andarla arriesgando en semejantes ‘tiguerajes’. Ojalá que este tipo haya aprendido la lección y que la próxima vez que le dé la curiosidad, use un binocular, ¡o mejor aún, que se preocupe por su propia ‘vaina’!
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