¡Ay, mi gente! Miren qué vaina tan seria nos trae la Oficina Nacional de Estadística (ONE) con los resultados de la ENHOGAR-MICS 2025: resulta que una de cada tres mujeres dominicanas, entre 18 y 49 años, ya estaba unida antes de cumplir los 18. Peor aún, un 11.3 % lo hizo antes de los 15. Esto de las Uniones Tempranas, aunque ha bajado con las generaciones nuevas, sigue siendo una realidad que nos jala los pies, impidiendo que nuestras chamaquitas echen pa’lante como debe ser.
Aunque la ENHOGAR-MICS 2025 registra una reducción entre las más jóvenes —el 27.6 % de mujeres de 20 a 24 años se unió antes de los 18, y un 9.5 % antes de los 15—, la persistencia de estas cifras es alarmante. A pesar de los esfuerzos y cambios sociales, esta práctica aún afecta. Antes, quizás era más común que las muchachas se casaran casi niñas, pero hoy, con mayor acceso a educación e información, uno esperaría que eso fuera cosa del pasado.
Lo más chulo de esta encuesta es que nos detalla las diferencias regionales, y aquí la cosa se pone más interesante. Asegún la ONE, la región de Enriquillo se lleva la medalla de preocupación, con un 17.2 % de mujeres que se unieron antes de los 15 años y la mayor proporción de uniones en general. Le siguen de cerca el Cibao Noroeste y El Valle, zonas donde la necesidad aprieta más fuerte. Esto nos da un dato claro: el problema no es parejo en todo el patio; hay lugares donde la situación es más crítica y hay que meterle el pecho de una vez.
En contraste, la región Ozama o Metropolitana, que abarca la capital, muestra los porcentajes más bajitos: 9.1 % antes de los 15 años y 27.8 % antes de los 18. Esto indica que las oportunidades y el desarrollo urbano, aunque no eliminan el problema, sí ofrecen un colchón. No es casualidad que las zonas rurales, la menor escolaridad y los quintiles más pobres presenten las cifras más altas. Cuando una muchacha apenas tiene educación primaria, la probabilidad de que se case o una temprano se dispara a un 25.6 %, comparado con un 5.7 % de las universitarias. ¡Tremenda diferencia que hay!
Es un hecho que las uniones a temprana edad limitan un viaje de oportunidades para nuestras mujeres. El matrimonio infantil, aunque ya no está permitido legalmente en nuestro país gracias a la Ley 1-21, sigue manifestándose en uniones consensuadas que restringen la libertad y el desarrollo pleno de las adolescentes. A veces, las familias, buscando ‘mejorar’ la situación económica, empujan a sus hijas, sin darse cuenta del lío tan grande que les están creando. Es una cadena que frena el progreso y reproduce la pobreza.
El impacto es profundo. Una adolescente que se une temprano es más propensa a abandonar los estudios, a tener embarazos precoces que comprometen su salud y la del bebé, y a quedar atrapada en un ciclo de dependencia y aislamiento social. Esto no es solo números, es la vida de muchísimas niñas que no pueden desarrollar su potencial, que ven sus sueños truncados por una realidad no elegida. Es una situación que nos debe poner a pensar y actuar para que nuestras jóvenes puedan vivir sus etapas a plenitud, con educación y oportunidades bacanas.
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