¡Klk, gente! La fanaticada de los Padres de San Diego está de plácemes, y no es para menos. Nuestros muchachos se fajaron en grande y le dieron una pela 10-4 a los Diamondbacks de Arizona, un resultado que los devuelve a la marca de .500. El ‘tigueraje’ dominicano estuvo activo, con Luis Campusano disparando un jonrón que puso la gente a brincar y Miguel Andújar, el que fuera prospecto top, conectando nada más y nada menos que tres dobles y remolcando dos carreras. Esta victoria es un respiro para los Padres, que andaban medio tropezando últimamente, y un empuje anímico que hacía mucha falta en el clubhouse.
Andújar, un nombre que trae recuerdos de su brillante debut con los Yankees antes de que las lesiones le aguaran la fiesta, está demostrando que tiene ese ‘flow’ y la madera para seguir en las Grandes Ligas. Verlo pegar tres dobles en un juego no es cualquier vaina; es un recordatorio del talento que posee y de la capacidad que tiene para ajustarse en el plato. Después de pasar por la sombra, esta actuación es un tremendo espaldarazo para él y para su confianza, confirmando que el ‘tigueraje’ dominicano siempre encuentra la forma de sobreponerse a los obstáculos y brillar cuando es necesario.
Por su lado, Luis Campusano, el receptor de los Padres, está consolidándose como una pieza clave. Su jonrón no solo sumó una carrera vital, sino que también es un indicativo del poder que tiene y de cómo se está sintiendo más cómodo en el plato. En un equipo con aspiraciones y una nómina de altos vuelos como la de los Padres, cada batazo es oro puro. Los receptores con ofensiva potente son un plus, y Campusano está respondiendo al llamado, demostrando que su bate puede ser tan importante como su guante.
La temporada de los Padres ha sido un sube y baja de emociones, casi como una montaña rusa en el Parque de la Sabana. Empezaron bien, incluso estuvieron por delante de los temibles Dodgers por un momento, pero luego el tren se descarriló un poco, perdiendo partidos y rezagándose en la carrera por la división y el comodín. Volver a la marca de .500 es más que un número; es una declaración de intenciones, un ‘aquí estamos’ para el resto de la liga, que asegura que todavía tienen la mira puesta en la postemporada y no piensan tirar la toalla de gratis.
El béisbol dominicano sigue dejando su huella en las Grandes Ligas, y este partido fue una muestra clara de ello. Además de Andújar y Campusano (nacido en Georgia, pero de ascendencia dominicana, que siempre lo contamos como de la casa), figuras como Fernando Tatis Jr. también tuvieron su aporte. Y ni hablar de la expulsión del mánager de los Diamondbacks tras una discusión por un ‘balk’ cantado al lanzador dominicano José Cabrera. Esa chercha, esa pasión que se vive en el terreno, es lo que hace que la pelota sea tan ‘jevy’ y que los dominicanos nos desvivamos por ella, sea en el Play o en la televisión.
Con Michael King lanzando seis entradas sólidas y el bullpen haciendo su trabajo, los Padres lograron una victoria convincente que bien podría ser el punto de inflexión que necesitaban. La MLB es un maratón, no un sprint, y cada triunfo, especialmente contra un rival divisional, cuenta un viaje. Si logran mantener este ritmo y el ‘coro’ se mantiene bueno en el dugout, quién sabe hasta dónde pueden llegar estos muchachos. La verdad es que tienen talento de sobra para meterse de lleno en la pelea.
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