¡Klk, mi gente! La vaina con los live-action de Disney ya está como pa’ pensarlo dos veces, ¿verdad? Y miren que con la nueva versión de ‘Moana’ en carne y hueso, el coro se ha puesto un poco tenso. La película original, esa pieza animada que nos voló la cabeza hace casi una década, era un bacano de pies a cabeza, una joya de la animación que conectó con el alma caribeña y polinesia. Ahora, con esta nueva entrega de ‘Moana’, la pregunta que nos hacemos es: ¿era necesario meterle mano a lo que ya estaba de lo más bien?
Asegún se ve, Disney está metido en un tigueraje de remakes que no termina. Una tras otra, las películas animadas más chulas las están pasando por el filtro de la acción real, y la verdad es que pocas veces el resultado es un ‘boom’. Muchas de estas versiones se sienten más como un negocio que como una obra de arte, un copiar y pegar que no le añade na’ de valor a la historia original. Es como si el estudio quisiera ordeñar la vaca hasta la última gota, sin importar si la leche sale agria, buscando más la taquilla que el corazón del público que amó las versiones animadas.
La original ‘Moana’ no era solo una historia bonita; era una celebración vibrante de la cultura polinesia, con su mitología, sus paisajes impresionantes y una banda sonora que te ponía a bailar de una vez. La magia de la animación permitía que el semidiós Maui se transformara con un chasquido de dedos o que el océano fuera un personaje en sí mismo, lleno de vida y expresión. Es en esa libertad creativa, en esa capacidad de ir un viaje de lejos con la imaginación, donde reside el verdadero poder de estos relatos, y es precisamente eso lo que se pierde cuando se intenta anclarlo todo a la realidad física.
Cuando uno ve cómo intentan recrear en acción real personajes como el gallo Heihei o el cangrejo Tamatoa, se da cuenta de que hay vainas que simplemente no traducen. La exageración y el humor caricaturesco de la animación son irreplicables; lo que en dibujo era un puntazo, en persona se siente forzado y hasta medio raro. La canción ‘So Shiny’, que en la original era un momentazo jevi y lleno de chercha, ahora se percibe como torpe, como si le hubieran quitado el alma al personaje y a la escena. Es una pena, porque le resta la chispa que hacía especial a estos secundarios.
Claro, hay que admitir que la nueva actriz, Catherine Lagaʻaia, le metió con todo y su interpretación de Moana es de lo más vivaz, y los paisajes digitales del océano siguen siendo impresionantes. Pero, ¿es suficiente eso para justificar la existencia de un calco? El Dwayne ‘The Rock’ Johnson, aunque siempre bacano, aquí parece que no logra capturar la misma energía juguetona de su Maui animado, como si el personaje se le hubiera quedado pequeño. Con una tercera película animada en el horizonte y esta versión live-action patinando, la franquicia de Moana está en la encrucijada, buscando nuevas aguas donde sí pueda innovar.
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