¡Qué ‘vaina’ más chula! La Fundación Tzu Chi, esa organización taiwanesa que siempre está activa, acaba de celebrar la decimotercera graduación de su centro educativo básico en Villa Hermosa, La Romana. Un ‘coro’ de 65 estudiantes se certificó, mostrando el fruto de un trabajo que va más allá de lo académico. Según el reporte, estos muchachos han aprendido un viaje de valores, como la empatía y el cuidado del medio ambiente, algo que la Fundación Tzu Chi impulsa con una dedicación que da gusto.
Los graduandos, con lemas tan ‘jevis’ como ‘La felicidad está en la sonrisa’ y ‘Las manos que aplauden reciclan’, expresaron su gratitud a los miembros de la fundación. Una estudiante de 16 años del secundario de Tzu Chi, que acompañaba a su hermana, le contó al Listín Diario que aprendió a ser empática y a reciclar, valorando las enseñanzas de amor y bondad. ¡Eso sí que es educar con ‘calidad’!
María Esther, la directora saliente del centro educativo, echó un cuento sobre la importancia del ‘brechín’ que hace la fundación. ‘A diferencia de otras escuelas públicas’, afirmó, ‘nosotros tenemos a la Fundación Tzu Chi, que es una compañía que en cada proceso de los niños entrega útiles escolares hechos de material reciclado, libros, cuadernos, actividades de verano y de Navidad; son una ayuda increíble, incluso en temas de salud’. ¡Un apoyo que es ‘oro puro’ para la comunidad!
Darianna, una niña de 13 años, con la emoción ‘a flor de piel’ por iniciar la secundaria, también testificó sobre el amor aprendido. Acompañada de su madre, contó: ‘Yo agradezco mucho a esta escuela por las ayudas que dan; incluso a una prima mía la ayudaron con un problema médico que tenía. Tzu Chi es una familia’. Este mensaje de unidad fue reforzado por Valeria Luis, estudiante de meritísima, quien en su discurso de agradecimiento animó a sus compañeros a llevar las enseñanzas de amor y hermandad en sus corazones mientras inician una nueva etapa. ¡Así se habla, ‘mi gente’!
Pero la labor de Tzu Chi en Villa Hermosa no se queda solo en las aulas. Según el reporte, hay 17 comunitarias, cariñosamente llamadas ‘hermanas de la fundación’, que se ‘fajan’ cocinando los martes y los jueves para llevar alimentos a gente de escasos recursos. Narcisa De La Guarda, una de estas voluntarias, detalló que preparan ‘comidas calientes’ para 90 personas dos días a la semana, ‘la mayoría envejecientes o enfermos que necesitan un apoyo en su día a día’. Lo más ‘bacano’ es que todo es vegetariano, en respeto a la vida, un ‘bacalao’ de amor que se ‘cocina’ en comunidad.
¿Y cómo fue que esta fundación taiwanesa llegó a parar en La Romana? Pues ‘asegún’ la historia, Tzu Chi aterrizó en la República Dominicana en 1998 para meter la mano con la crisis humanitaria después del huracán George. La Romana fue una de las provincias que visitaron y ahí mismo se armó una conexión ‘jevi’. Al principio trajeron comida y ropa, pero los moradores, muy ‘inteligentes’, les dijeron que lo que querían era una escuela para sus hijos. Y ‘de una vez’ se concretó y, hasta el día de hoy, se mantiene vigente, demostrando que la mejor ayuda es la que empodera y educa.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



