¡Klk con la gente de Silicon Valley! La vaina está más prendía que nunca, no en los foros de antes, sino moviendo un viaje de millones en las elecciones legislativas de Estados Unidos. Asegún la noticia, un supercomité con Andreessen Horowitz (a16z) y Greg Brockman acaba de amasar más de 75 millones para frenar la regulación de la Inteligencia Artificial (IA), mientras que, en su momento, Anthropic puso 20 millones en la acera de al frente. Detrás de todo este corre-corre y los chelitos, hay tres tribus de IA que llevan más de una década con la misma chercha: ¿hacia dónde va esta tecnología que promete cambiarlo todo?
Ahí es que está el tigueraje, mi gente. Aunque son pocos, estos grupos están metidos hasta los tuétanos donde se toman las decisiones gordas. Sus ideas, según el reporte, no solo han dado pie a laboratorios importantes, sino que también estuvieron detrás del despido de un CEO durante un fin de semana y hoy día están marcando la pauta en la política tecnológica de la Casa Blanca. Para que la vaina se entienda bien claro, imagínense un carro acelerando hacia una curva con una niebla del diablo.
Primero, están los racionalistas, los que andan con su mapa. Estos se han pasao’ años estudiando la vaina y aseguran que, si el carro sigue así, después de la curva hay un precipicio seguro. Su pionero, Eliezer Yudkowsky, un autodidacta sin diploma universitario, fundó LessWrong en 2009, un blog que se metía a fondo en los sesgos cognitivos. La idea de ellos es que una superinteligencia, si no tiene nuestros mismos objetivos, no tiene ni que odiarnos para desapareceros; solo basta con que le estorbemos en el camino.
Luego vienen los altruistas eficaces, los que le meten dinero a la vaina. Este movimiento nació en Oxford, hacia 2009, con Toby Ord y William MacAskill. La chispa fue una idea de Peter Singer: si podemos evitar un sufrimiento, tenemos que hacerlo, y de paso, medir cuántas vidas salvamos con cada dólar que invertimos. Su gran mecenas es Dustin Moskovitz, cofundador de Facebook y fundador de Asana, con más de 11.000 millones comprometidos, según la noticia. Empezaron con mosquiteras contra la malaria, pero después llegó el ‘largoplacismo’: si las generaciones futuras importan tanto como las de ahora, evitar la extinción, con la IA a la cabeza, es la causa que más vidas salva.
Pero la vaina no ha sido color de rosa para los altruistas eficaces. La quiebra de FTX en 2022, el chulo de las criptomonedas, hundió a su donante estrella, Sam Bankman-Fried. Y en 2023, la situación se puso más picante cuando dos consejeras de OpenAI, ligadas a este movimiento, votaron por el despido de Sam Altman, aunque él regresó a los cinco días. Hasta Open Philanthropy, una de sus entidades, ha cambiado su nombre a Coefficient Giving, dando un patinazo que mostró las grietas en su estructura.
Y por último, pero no menos importante, están los aceleracionistas, ¡los que dicen ‘gas a fondo’ y pa’lante es pa’ allá! En 2022, la vaina del ‘effective accelerationism’ (e/acc) cogió fuego en X, una parodia del ‘effective altruism’, inspirada en el filósofo Nick Land. Forbes desveló en 2023 que detrás de @BasedBeffJezos estaba Guillaume Verdon, un físico que venía de Google. A16z, los que andan con la cartera llena, le han dado un manifiesto propio, y David Sacks, de acuerdo al reporte, lo ha llevado a la Casa Blanca. Para ellos, cualquier freno al progreso cuesta vidas que la tecnología habría salvado. Dicen que los catastrofistas usan el miedo para poner barreras regulatorias que solo los grandes pueden saltar. Y si Estados Unidos frena, señores, China les pasa por el lado de una vez.
La vaina tiene su doble filo, porque los que andan con el cuento del precipicio, han ayudado a construir lo mismo que tanto temen. El argumento de fondo siempre ha sido el mismo: ‘ya que alguien va a construirla, mejor que seamos nosotros’. Y con Trump, el aceleracionismo ha pasado a ser la política nacional oficial. La noticia dice que el Pentágono etiquetó a la empresa de Claude como un ‘riesgo para la cadena de suministro’ después de que se negara a permitir su uso en vigilancia masiva y armas autónomas. Aunque una jueza ha frenado buena parte de esa medida, la presión sigue ahí.
Sí, pero… hay un lío ahí debajo. Timnit Gebru y Émile P. Torres sostienen que, al final, toda esta chercha es como una rencilla familiar. Las tres tribus creen que la superinteligencia llegará pronto y decidirá el destino de la especie, lo que cambia es la velocidad. Mientras tanto, los daños que ya produce cualquier modelo de lenguaje grande (LLM), como la vaina de los sesgos o el ‘coro’ de la desinformación, casi ni caben en su conversación. Hasta ahora, el cuento del precipicio les ha servido de argumento de ventas a ambos bandos: unos pidiendo frenos y otros más gasolina. ¡Qué vaina!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




