La ciudad de Nueva York se prepara para recibir un documental que promete tocar la fibra de cada dominicano en la diáspora y en la tierra del merengue y la bachata. ‘Agridulce’, una producción que se presentó en el Festival de Cine Latino de Nueva York, viene a reivindicar ese género musical tan nuestro, que por años fue visto de reojo, pero que hoy es una exportación de lujo, una vaina que nos representa a nivel global. El filme nos lleva por la historia de unos estudiantes que, a través de la música, van descubriendo su camino y la riqueza de su cultura.
Dirigido por Frank Pavich, ‘Agridulce’ tardó cinco años en cocinarse, un trabajo de hormiga que buscaba capturar la esencia de la bachata. Con una mirada íntima, el documental sigue a un grupo de jóvenes músicos en su transición a la adultez, evidenciando cómo la melodía y el ritmo se convierten en la brújula para el autodescubrimiento, mostrando ese proceso tan chulo de encontrar quién eres a través de lo que amas.
La pasión por la bachata llevó al productor estadounidense Benjamin de Menil a una conexión profunda con este género, tanto que en 2013 fundó la Escuela de Bachata en Cabarete, un pueblo costero que es puro sabor dominicano. Una iniciativa que, según el reporte, ha sido clave para el desarrollo y la difusión del género, proveyendo un espacio donde el talento florece como la primavera en el Cibao.
De Menil, quien también es productor del documental, expresó a EFE que lo que más le impactó de la bachata fue su origen humilde, esa mezcla tan particular de lo moderno con lo tradicional. Para él, es una música que, aunque tiene raíces profundas, se mantiene fresca y relevante, algo que no siempre se encuentra en los géneros con historia, esa dualidad es lo que la hace tan especial y bacana.
Recordemos que la bachata, esa que antes era tildada de ‘música de amargue’ y asociada a ambientes de cabaret, experimentó un cambio de juego bien grande. En 2019, la UNESCO la elevó a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un reconocimiento que la sacó del ‘tigueraje’ del subsuelo y la puso en el pedestal que siempre mereció, dejando atrás ese estigma de vulgar que por años la persiguió.
En la escuela de Cabarete, la educación musical es gratuita, abarcando instrumentos de percusión, piano, bajo, saxofón, canto y, por supuesto, el baile. Con alrededor de 500 estudiantes, incluyendo 300 de preescolar, y un equipo de más de 30 profesores, el centro se mantiene a flote gracias a fundaciones tanto dominicanas como estadounidenses, lo que asegura que este ‘coro’ de enseñanza siga de lo más bien.
Antes de aterrizar en la Gran Manzana, ‘Agridulce’ ya había dado su paseo por varios festivales importantes, como el de Guadalajara en México, Australia, y Washington DC. La travesía del documental no termina aquí, pues luego de Nueva York, tiene una gira internacional que lo llevará por Canadá, Ghana en África, Barcelona en España y Burdeos en Francia, con la meta clara de seguir llevando nuestro ritmo por el mundo entero.
Benjamin de Menil afirmó con ilusión que esperan que la música latina, con la bachata a la cabeza, siga conquistando el mundo, esa es la visión. Su idilio con este ritmo, según la noticia, comenzó años atrás, produciendo artistas del género que conoció en Nueva York, entre ellos el reconocido Edilio Paredes, a quien de Menil considera uno de los guitarristas más influyentes de la bachata de los años 60.
El productor también reflexionó sobre la responsabilidad de los inmigrantes dominicanos en la propagación del género. A su juicio, este colectivo fue fundamental para que la bachata cruzara fronteras, a pesar del estigma que retrasó su evolución en el patio, una historia de resiliencia y orgullo que va de la mano con nuestra gente.
De Menil explicó que ese ‘reparo’ que se le tenía a la bachata es una de las razones por las que se mantuvo tradicional por mucho tiempo. Las grabaciones se hacían con instrumentos acústicos, tal cual como se hacía en los años 30 y 40 en Cuba y Puerto Rico, porque la gente con dinero para producciones más modernas simplemente no quería ‘meterse’ con ese género, no la veían con ‘futuro’.
Sin embargo, esa situación dio un giro a finales de los 80, cuando se empezó a vislumbrar el potencial económico de la bachata. Aunque no todo el mundo la ha aceptado de una vez, como se dice en buen dominicano, la puerta se abrió y el género empezó a coger su ‘vuelo’, demostrando que lo bueno, aunque tarde, siempre llega y se impone.
En la lista de los artistas dominicanos que han puesto la bachata en el mapa mundial, el artículo menciona nombres de la talla de Luis Segura, Leonardo Paniagua, Juan Luis Guerra, Anthony Santos, Luis Vargas y Romeo Santos, cada uno con su estilo y aportes únicos que han enriquecido el género y lo han hecho la ‘joya’ que es hoy en día.
Un dato interesante que resalta la noticia es la participación del guitarrista y arreglista Mártires de León, quien ha trabajado con figuras como Romeo Santos y el dúo de Monchi y Alexandra. Él fue clave en la creación del programa educativo de la academia, dirigido a jóvenes menores de 18 años, asegurando que las futuras generaciones sigan tocando la bachata con ese sabor único.
De Menil compartió que su idea inicial era hacer un documental al estilo ‘Buena Vista Social Club’, pero al establecer la academia y conocer a los niños y jóvenes, sintió una conexión mágica. Fue entonces que decidió enfocar la historia en los estudiantes, esos que están descubriendo no solo la música, sino también su cultura y su identidad, una narrativa que es puro corazón dominicano.
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