¡Klk, mi gente! La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) soltaron una noticia que, honestamente, es un ‘lío’ de los grandes: más del 90% de la población mundial se verá afectada de alguna forma por el cáncer, ya sea directamente o a través de un familiar. Esta vaina es seria, y asegura que una de cada cinco personas desarrollará una forma de este mal en su vida. No es un dato para cogerlo a chercha, sino para prestarle atención a la realidad del cáncer mundial que nos rodea.
Asegún el informe más reciente, que es la evaluación más exhaustiva jamás realizada, se proyecta que para el 2050, los decesos por cáncer alcanzarán los 35 millones anuales. Aunque hay avances bacanos en los tratamientos y la prevención, la cruda verdad es que un viaje de gente seguirá sufriendo y muriendo. Lo más grave de este asunto es que la supervivencia no depende tanto del tipo o estadio del cáncer, sino de dónde te toque vivir y de tu situación económica, una desigualdad que nos cae como bomba.
Es que la cosa está tan dispareja que, mientras en países con cuarto más del 85% de las mujeres con cáncer de mama sobreviven al menos cinco años, en muchos países de ingresos bajos esa proporción se desploma a menos del 30%. ¡Imagínense! La disponibilidad de medicamentos oncológicos prioritarios en naciones en ‘olla’ oscila entre un 9% y un 54%, mientras que en los países ricos está entre un 68% y un 94%. Esto no es solo un problema de salud, es una injusticia social ‘dura’ que deja a muchos dominicanos y dominicanas en desventaja.
El impacto va más allá de lo físico. La primera encuesta de la OMS a pacientes reveló que casi la mitad experimenta dificultades económicas, y más de la mitad lucha con problemas de salud mental. Los cuidadores, esos héroes anónimos, también cargan con un peso importante, lidiando con trabajo no remunerado y aislamiento social. Es un recordatorio de que el cáncer afecta a todo el entorno familiar y requiere un apoyo integral, no solo médico.
A pesar de todo este panorama ‘grave’, hay puntos de luz que son ‘chulos’. Gracias a las políticas públicas para reducir el consumo de tabaco, hemos visto una disminución del 27% desde 2010 en algunas regiones, lo que ha ayudado a bajar los casos de cáncer de pulmón. Además, los cánceres relacionados con infecciones están cediendo terreno por la ampliación de la cobertura de inmunización, la mejora del saneamiento y la higiene. Esto demuestra que la prevención, mi gente, sí funciona y es clave para combatir este ‘lío’.
No obstante, la OMS insiste en que las vidas no se están salvando al ritmo necesario, porque casi cuatro de cada diez casos de cáncer están ligados a factores de riesgo prevenibles, como el Virus del Papiloma Humano (VPH), las hepatitis B y C, el Helicobacter pylori, el alcohol, el tabaco, el sobrepeso y el sedentarismo. Por eso, nos toca a nosotros, a la sociedad y al gobierno, hacer de la prevención una prioridad política, invertir ‘de una vez’ en tratamientos accesibles y mantener el compromiso con el control del tabaco y los programas de vacunación. Es la única forma de echar pa’lante y enfrentar esta situación que nos afecta a todos.
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