Constanza, esa tierra fértil que por generaciones ha sido el motor y el corazón de cientos de familias dominicanas, hoy se encuentra ‘en la lona’, luchando contra una situación que tiene a sus agricultores con el agua al cuello. La tradición de cultivar papa, zanahoria, repollo, cebolla y ajo, que alimenta a gran parte del país, está amenazada por un panorama sombrío. Según el reporte, los productores están viviendo una de las etapas más duras de su historia, principalmente por las importaciones masivas que les tiran el negocio al suelo, sumado a unos costos de producción por las nubes y unos precios de venta que son una miseria.
La ‘vaina’ con las importaciones es el plato fuerte del problema, así lo afirma Julián Reyes Castillo, un agricultor que le ha metido el pecho a la tierra en esa zona. Para él, y para muchos más, esta entrada desmedida de productos de fuera es ‘prácticamente el fracaso de los agricultores de la República Dominicana’. Es un tema que pone de manifiesto cómo un grupito de importadores se lleva la tajada grande, mientras miles de productores locales se quedan con las manos vacías y sus cosechas se pudren en el campo. ¡Un descaro!
El planchazo es que, al momento de la recolección, el mercado se atiborra de mercancía extranjera. Este año, Reyes Castillo y su socio, Manuel Ortiz, tuvieron que dar por perdidos más de 6,000 sacos de zanahoria y unos 150,000 repollos. Imagínense el pique de producir cada repollo entre RD$12 y RD$13, para que el mercado solo te dé RD$2 por pieza; eso no cubre ni el saludo. El pretexto para estas importaciones, según el agricultor, es una supuesta escasez que no es más que un cuento de camino, pues ‘en este país se produce durante todo el año’.
Antes, el ‘tigueraje’ de los agricultores les permitía guardar parte de la cosecha y venderla poco a poco cuando los precios subían, pero eso ya es historia vieja. Ahora, tan pronto un rubro coge valor, el mercado se llena de mercancía importada y los precios se van a pique de nuevo. Es un ciclo que no les da tregua y les frustra cualquier intento de recuperar la inversión y ver la luz al final del túnel. Esa chercha de querer almacenar para mejorar el precio es una vaina del pasado.
Y si eso fuera poco, los costos de producción están ‘por las nubes’. Sembrar una tarea de papa, por ejemplo, implica una inversión de RD$55,000 a RD$60,000, cubriendo desde la preparación de la tierra hasta las semillas, fertilizantes y agroquímicos. Pero, ¿de qué sirve tanto esfuerzo y gasto si el precio de venta rara vez deja ganancia? Sin la competencia desleal, la papa podría venderse entre RD$45 y RD$50 el kilogramo; sin embargo, los agricultores se ven forzados a venderla hasta por RD$25. ¡Un relajo!
La misma ‘vaina’ se repite con otros rubros. Un saco de 100 libras de zanahoria se ha llegado a vender por solo RD$400, que son RD$4 por libra; eso no da ni para la cosecha y el transporte. Y el repollo, que cuesta unos RD$15 producirlo, se ha pagado a RD$2 la unidad. Como bien lamenta Reyes Castillo: ‘Todo está cada vez más caro. Lo que vendemos nos lo pagan regalado y lo que consumimos está carísimo’. Es un decir que resume la cruda realidad que están pasando.
Con tantas pérdidas acumuladas, un viaje de productores se ha visto obligado a buscar financiamiento a la desesperada. Reyes Castillo asegura que muchos no han recuperado ni el 20 % de lo invertido en el último año; el que invirtió un millón, ‘asegún’ él, no ha visto ni cien mil pesos de vuelta. Los créditos del Banco Agrícola, por la burocracia que tienen, no cubren la urgencia del sector, empujando a los agricultores a caer en manos de la banca privada o, peor aún, en las de prestamistas informales, entrando en un lío de deudas que no tiene fin. ¡Un verdadero dolor de cabeza!
Aunque la papa ha mostrado una mejoría ‘chula’ en sus precios recientemente, la mayoría de los cultivos siguen en números rojos. La zanahoria, el repollo y la cebolla mantienen una rentabilidad bajísima, y muchos decidieron ni sembrar ajo por la incertidumbre del mercado. Gran parte de la cebolla cosechada en marzo y abril todavía está guardada porque los precios no dan ni para pagar la recolección, una situación que es para uno jartarse.
Los insumos agrícolas no bajan, sino que suben como espuma. Un sobre de semilla de zanahoria, que rinde para cuatro tareas, llegó a costar cerca de RD$69,000. Si le sumamos la mano de obra, el combustible, los fertilizantes y los pesticidas, sembrar esas cuatro tareas de zanahoria exige una inversión de RD$150,000. Es una cifra prácticamente imposible de recuperar con los precios actuales de venta, lo que hace que los productores se sientan impotentes ante la situación.
A pesar de todos estos golpes económicos, los agricultores de Constanza siguen aferrados a su tierra. ‘Aquí no sabemos hacer otra cosa’, dice Reyes. Y es que en Constanza, desde el colmado de la esquina hasta los supermercados más grandes, todo el mundo vive del dinamismo que genera el campo. El municipio entero depende de que esa tierra siga dando frutos. Es un círculo virtuoso que se rompe por la irresponsabilidad de algunos, dejando a todo un pueblo en jaque.
Mientras tanto, las promesas del estado, hechas tras las pérdidas por tormentas y la baja de precios, siguen siendo eso, solo promesas. Las familias de Constanza continúan sembrando cada temporada, con la fe puesta en que algún día el sudor de su trabajo vuelva a ser suficiente para sostener sus hogares y que la agricultura recupere su valor. Es una esperanza que no muere, aunque la situación esté ‘jevi’.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



