En el mundo de las finanzas y la tecnología, la vaina está más activa que nunca, y en República Dominicana, el desafío de adaptar la regulación financiera a la velocidad de las empresas fintech se ha vuelto un verdadero ‘clavo’. Según la noticia, Nicolás Franco, presidente ejecutivo de Latam y España en Socorro Partners, ha puesto el grito en el cielo, señalando que las normas actuales necesitan ponerse al día con el ritmo de la innovación si queremos ver el sector crecer como es debido. Es un tema que nos concierne a todos, porque el futuro ya está aquí, y no podemos quedarnos atrás en esta carrera tecnológica.
Esta importante discusión se dio en el marco del XXIX Congreso Internacional de Finanzas y Auditoría (CIFA) y el XXIV Seminario Latinoamericano de Contadores y Auditores (Selatca), eventos de alto calibre que tuvieron lugar en nuestra hermosa Boca Chica. Franco dejó bien claro que los modelos de negocio innovadores que traen las fintech no pueden encajarse en los esquemas regulatorios tradicionales; necesitan algo más flexible, algo que permita la creatividad y el desarrollo sin frenar el impulso. Es como querer meter un carro de Fórmula 1 en un estacionamiento diseñado para carretas, ¡no hay forma!
El especialista reveló que ya ha estado en conversaciones con las autoridades dominicanas, lo que es una señal bacana de que el tema se está tomando en serio. Una de las alternativas que se maneja, según sus explicaciones, es crear una ley marco general para las fintech. Esto sería un puntapié inicial jevi, permitiendo luego desarrollar regulaciones más específicas para cada segmento o vertical dentro de este ecosistema digital, garantizando así que cada ‘tigueraje’ tecnológico tenga su propia guía sin que la vaina se ponga en reversa.
Para dejar claro que esto no es un sueño de verano, Franco citó ejemplos de países que ya han dado el paso. México, por ejemplo, aprobó una ley fintech en 2017, marcando un precedente importante. Chile también ha hecho su diligencia, avanzando en la creación de un marco regulatorio que abraza a estas empresas innovadoras. Estos son espejos en los que República Dominicana puede mirarse para no inventar la rueda, sino adaptarla a nuestro contexto, aprendiendo de lo que otros ya han hecho con éxito.
Muchos ven la regulación como un impedimento, un muro que no deja innovar, pero Franco argumentó que eso es un ‘paño de agua tibia’. La experiencia internacional, según él, demuestra que cuando reguladores e industria se juntan en un ‘coro’, pueden construir normas que, lejos de ser un obstáculo, se convierten en un catalizador para los cambios tecnológicos. Es un trabajo en equipo, donde cada quien pone de su parte para que el negocio siga su curso y la gente se beneficie de nuevas y mejores opciones financieras.
El verdadero desafío, a juicio del experto, no es solo tirar leyes a la ligera, sino desarrollar un marco regulatorio que sea lo suficientemente chulo como para facilitar la innovación. Pero, ¡ojo!, sin descuidar la protección de los usuarios, que son la parte más importante de la cadena, ni la estabilidad de nuestro sistema financiero, que es el pilar de la economía. Es un equilibrio delicado, una danza entre el progreso y la seguridad, donde cada paso cuenta para asegurar un futuro financiero más robusto y justo para todos los dominicanos.
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