¡Klk, mi gente! La vaina está de lo más malita en Puerto Plata, donde la sequía tiene a los ganaderos con un nudo en la garganta. La provincia, conocida por sus verdes paisajes y su pujante sector ganadero, ahora mismo parece un desierto, con los pastos más secos que un bejuco en agosto. La cosa no es un relajo, los animales están sufriendo un viaje y los productores están en un ‘apuro’ serio, viendo cómo sus vacas se enflaquecen ante la escasez de agua y forraje. Esta situación en Puerto Plata no solo afecta el bolsillo de los dueños de finca, sino que pone en jaque la producción de leche y carne de la región.
Asegún el reporte, la falta de lluvia de los últimos meses ha dejado los potreros y fincas casi marchitos. Juan Almonte, quien es presidente de la Asociación de Ganaderos Puerto Plata Central (AGPPC), puso el dedo en la llaga al explicar el consumo vital de agua para el ganado. Una vaca lechera, de esas que nos dan la leche para el desayuno, necesita entre 80 y 150 litros de agua al día, ¡una cantidad que te deja con la boca abierta! Mientras tanto, las reses de cría y los terneros, que también son parte esencial del ciclo productivo, requieren entre 40-50 y 15-30 litros, respectivamente. Con este calorazo que hace, el consumo se puede disparar hasta un 30% o más, ¡una verdadera chercha para conseguir suficiente líquido!
La situación es tan grave que, como bien señala Almonte, una gran mayoría de los bovinos se han ‘enflaquecido’ por esta escasez. Imagínense el estrés que significa para un ganadero ver sus animales perder peso y vitalidad, sabiendo que cada día sin agua y pasto fresco es una pérdida económica y un atentado a la salud de su rebaño. No es lo mismo alimentar el ganado con pasto fresco y jugoso, que tiene un montón de agua, que con forraje seco como la paja de arroz o el heno, que exige mucha más ingesta de agua. Es como tratar de apagar un fuego con gasolina, ¡una locura!
Históricamente, la República Dominicana ha enfrentado períodos de sequía que ponen a prueba la resiliencia de nuestro campo. Estos episodios, aunque naturales, siempre representan un desafío mayúsculo para los sectores agropecuarios, que dependen directamente de las condiciones climáticas. La escasez de agua no solo afecta a los animales, sino que tiene un efecto dominó en toda la cadena productiva, desde la alimentación del ganado hasta la disponibilidad de productos en el mercado, afectando a la economía del ‘tigueraje’ del campo.
Sin embargo, hay una luz al final del túnel. La noticia nos cuenta que el gobierno, a través del Proyecto de Mejoramiento de la Ganadería (PROMEGAN), ha prometido echar una mano. La idea es entregar pacas de pasto a los ganaderos afectados, lo que sería un respiro para garantizar el sustento del ganado bovino en esta dura época. Esta iniciativa, si se materializa ‘de una vez’ y con eficiencia, podría mitigar un poco el golpe que están sufriendo nuestros productores.
Es fundamental que este tipo de apoyo llegue a tiempo para que los ganaderos no pierdan todo. La ganadería no es solo una actividad económica; es una tradición, una forma de vida para muchas familias dominicanas. La salud de nuestro ganado y la estabilidad de nuestros ganaderos son cruciales para la seguridad alimentaria y el desarrollo de provincias como Puerto Plata. Así que, ojalá que la ayuda prometida se haga realidad y que pronto volvamos a ver esos campos verdes y esas vacas gordas, ¡que es lo que queremos todos!
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