Mártires de León, conocido en el patio como uno de los guitarristas más bacanos del género bachata en la República Dominicana, ha soltado el klk sobre cómo la mayoría de los músicos de este ritmo, incluso los más pegados, aprendieron su oficio. La revelación principal es que ‘todos somos empíricos’, es decir, aprendieron a tocar de oído, sin una partitura de por medio. Este fenómeno, la bachata empírica, es una parte fundamental de la identidad musical dominicana y de la trayectoria de muchos de nuestros talentos.
Según la noticia, este ‘tigueraje’ de aprender con el oído y la práctica constante no se limita solo a los guitarristas, sino que se extiende a todos los instrumentistas del género. Bajistas, bongoseros, tamboreros, congueros y güireros han alcanzado la maestría musical a través de la experiencia y la enseñanza de boca en boca, de generación en generación, o en un ‘coro’ con los amigos. Figuras como Luis Vargas, Luis Segura, Joe Veras, El Chaval de la Bachata, Anthony Santos, Zacarías Ferreira y Memín –a quien Mártires considera el mejor guitarrista de bachata– son ejemplos claros de esta escuela.
La razón detrás de esta ‘vaina’ empírica se remonta a los orígenes humildes de la bachata. El ritmo nació en los campos y barrios, lugares donde no había escuelas de música ni los recursos para comprar un instrumento, mucho menos para inscribir a un hijo en una academia. Era impensable, ‘un gasto innecesario’ para muchos padres de décadas pasadas. Mientras que en las academias y el Conservatorio Nacional de Música se formaban músicos para el jazz, la balada o el rock, los bachateros se hacían a pulso, ‘oyendo, copiando acordes, enamorados y con ese arte por dentro’.
A pesar de su éxito sin formación académica formal, Mártires de León tuvo su momento de inflexión. Durante una visita a Miami para los Premios Lo Nuestro con Monchy y Alexandra, tuvo la oportunidad de conocer a grandes figuras como Emilio Estefan y Sergio George. La admiración de estos productores, que ya conocían su talento, fue el empujón para que se ‘pusiera las pilas’ y decidiera estudiar música de manera formal. ‘Yo pensé que debía prepararme a nivel profesional para no pasar vergüenza’, confesó, y así lo hizo, encontrando profesores del Conservatorio Nacional de Música y la UASD.
Este giro personal de Mártires no solo lo benefició a él, sino que también ha contribuido a la evolución del género. Ha sido profesor en varias escuelas de bachata, incluyendo la Academia de Bachata de La Romana. Hoy en día, la nueva generación de bachateros tiene la oportunidad de aprender de manera académica, una ‘vaina’ que Mártires celebra. Esto asegura que en los próximos años tendremos más profesionales tocando guitarra, bajo y otros instrumentos del género, aunque la esencia empírica siga siendo su alma.
Para Mártires, la bachata es la banda sonora de la cotidianidad del pueblo dominicano, de los barrios y los ‘campitos’. Es un ritmo que, al igual que el merengue típico, se siente y se ejecuta con el corazón, utilizando herramientas sencillas como el capodastro para transformar apenas tres tonos básicos en ‘un viaje de’ canciones con tonalidades diversas. Sin duda, un legado musical ‘chulo’ que sigue evolucionando sin perder su raíz.
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