La Procuraduría Especializada para la Defensa del Medio Ambiente y los Recursos Naturales está dándole duro a la contaminación sónica en nuestro país, asegurando que la paz y la tranquilidad sean la norma. Según el procurador de Medio Ambiente, Francisco Contreras Núñez, en lo que va de año se han recibido la friolera de 87,000 denuncias a nivel nacional, ¡un viaje de quejas que demuestran lo seria que está la vaina! Esta situación ha provocado operativos intensivos con allanamientos, incautación de equipos y cierres de establecimientos que, de verdad, se pasan de la raya con el ruido.
Asegún la noticia, estas denuncias no se quedan en el aire; la gente puede reportar el problema por varias vías, incluyendo la plataforma del Ministerio de Interior, el conocido Sistema Nacional de Emergencias 911, y las 23 dependencias que la Procuraduría tiene distribuidas por todo el territorio. Esto le da a la ciudadanía un canal directo para que no se queden callados cuando el coro de al lado, o el vecino ruidoso, les esté quitando el sueño. Es una muestra de que las autoridades están poniendo los medios para que el tigueraje no se apodere del espacio sonoro de la gente.
El magistrado Contreras Núñez no se anda con chiquitas al advertir sobre las graves consecuencias de la contaminación sónica. No es solo una molestia, es un problema de salud pública y de convivencia social que puede provocar de todo: desde trastornos del sueño y ansiedad, hasta agresividad, alteraciones del sistema nervioso y auditivo, y problemas cardiovasculares. Imagínate tú que el ruido te termine enfermando, ¡eso es un abuso y hay que pararlo de una vez!
Para que la gente sepa bien cuándo está en la legalidad y cuándo se está guayando, la normativa ambiental establece límites claros. De 9:00 de la noche a 9:00 de la mañana, la cosa no debe pasar de 50 a 55 decibeles. Y durante el día, de 9:00 de la mañana a 9:00 de la noche, el tope es de 55 a 60 decibeles. Estos números son claves para entender el nivel de respeto que se debe tener al prójimo y al entorno. Así que, si tu equipo suena más fuerte que eso, ya sabes que estás en zona de peligro.
La Ley 90-19 es la que pone la cosa en su sitio, y no es para relajo. Contempla penas de uno a tres años de prisión y multas que pueden escalar hasta los 30 salarios estatales. Para establecimientos como discotecas, bares y centros de billar que se la dan de ‘bacanos’ con el ruido, las multas oscilan entre cinco y 20 salarios. Pero el tigueraje en los vehículos con sistemas de sonido modificados, ¡ojo!, porque esos pueden llevarse multas de 20 a 30 salarios. Es un mensaje claro: si vas a echar un coro, hazlo sin joder la vida a los demás.
La estrategia de la Procuraduría no es solo perseguir, sino también prevenir. Están desarrollando un viaje de charlas, talleres y jornadas de orientación con juntas de vecinos, organizaciones comunitarias y otras entidades. El objetivo es simple, pero profundo: promover una cultura de respeto a los límites de ruido, para que la gente entienda que la tranquilidad es un derecho de todos. Es un trabajo de educación que busca cambiar la mentalidad para que la convivencia esté de lo más bien.
En el Distrito Nacional, la coordinadora Awilda Balbuena ha estado en pie de lucha, y ha informado que este año se han producido más de 20 sometimientos judiciales relacionados con la contaminación sónica. Según ella, el proceso es riguroso: todo empieza con una denuncia, luego viene una investigación, una inspección con un sonómetro para medir el ruido, y si se comprueba la violación y el responsable no corrige la situación, pues pa’ la justicia. No hay forma de zafarse si no te pones en orden.
Balbuena puso como ejemplo el cierre de un establecimiento llamado ‘Villar Aquino’, contra el cual habían recibido múltiples denuncias. Este negocio ya había prometido arreglar el problema del ruido, pero al incumplir, la Procuraduría actuó y el juez dictaminó su cierre. Esto demuestra que cuando se hace un compromiso, hay que cumplirlo, porque si no, la ley te alcanza. Es una advertencia para todos los que piensan que pueden hacer lo que les da la gana.
La funcionaria también indicó que las autoridades están atentas a otras fuentes de contaminación. No solo es el ruido de la música; también intervienen en casos de construcciones que generan elevados niveles de ruido y polvo, así como plantas eléctricas y tubos de escape de torres que causan contaminación sónica y atmosférica. O sea, la Procuraduría está vigilando por todos lados para que la calidad de vida de los dominicanos no se vea afectada por el relajo de nadie.
Para terminar, el procurador Contreras Núñez afirmó que entre un 60 % y un 75 % de los denunciados cumplen los acuerdos que alcanzan con la Procuraduría. Esto es un dato jevi, porque significa que la mayoría coge cabeza. Pero, si una persona reincide o no cumple con las medidas acordadas, ¡ahí sí que se le judicializa y se va a pasar un mal rato! Es un llamado a la sensatez y al respeto de las normas que buscan el bien común.
El director de Prevención, Políticas Ambientales y Proyectos de la Procuraduría, Ángel Gomera, explicó que el trabajo de la institución tiene dos ejes: la persecución y la prevención. Las jornadas de sensibilización buscan que los ciudadanos conozcan sus derechos, sus deberes ambientales y los canales disponibles para denunciar cualquier abuso. Es vital que la gente sepa que no está sola en esta lucha.
Gomera enfatizó que el ruido excesivo no es solo un tema de molestia, sino que también puede convertirse en un factor de conflictividad social. Cuando las personas se sienten afectadas y no escuchadas, pueden reaccionar con agresividad, lo que, según afirmó, ha contribuido incluso a conflictos vecinales con consecuencias violentas. Es una triste realidad que la falta de consideración puede escalar a situaciones peligrosas.
Finalmente, la Procuraduría también lleva a cabo la jornada ‘Hablemos de Ruido’ junto a organizaciones comunitarias. El propósito de este ‘coro’ es orientar a la población sobre la Ley 90-19 y convertir a los ciudadanos en vigilantes activos de la protección ambiental. La idea es empoderar a la gente para que defienda su derecho a vivir en un ambiente sano y tranquilo, porque al final del día, la unión hace la fuerza contra el ruido y la falta de consideración.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




