¡Ay, mi madre! La gente anda con los nervios de punta en Santiago, y no es para menos. Imagínense el ‘klk’: una alcantarilla abierta en plena calle Sabana Larga, justo donde hace esquina con la avenida 27 de Febrero, al ladito del Hospital Regional Universitario José María Cabral y Báez. Esto no es un simple descuido, es un verdadero ‘peligro latente’ que, según la denuncia de varios ciudadanos a ‘Somos Pueblo’, ya cobró su primera víctima: un vehículo que se quedó atorado ahí. ¡Una ‘vaina’ gorda!
La situación es más grave de lo que parece a simple vista, y no es cuestión de ‘chercha’. Los afectados están con la razón en la mano al advertir que este boquete en la vía no es solo un dolor de cabeza para los conductores, sino que se transforma en una trampa mortal para los peatones que a diario transitan por esa zona. Piensen en una persona con discapacidad visual, o en alguien que va a la carrera camino al hospital; una caída ahí, señores, puede ser el ‘acabose’, provocando lesiones serias o, peor aún, una tragedia que nadie quiere ver.
El área alrededor de un hospital como el Cabral y Báez, que es una institución de referencia en la región, debería ser un ejemplo de seguridad y orden. La afluencia de personas es constante: pacientes, familiares, personal médico. Un desperfecto tan básico como una rendija de alcantarilla sin tapa demuestra una falta de atención crítica a la infraestructura urbana. Esta ‘desgracia’ no solo afecta la fluidez del tránsito, sino que añade un estrés innecesario a quienes ya se encuentran en una situación vulnerable, buscando atención médica o visitando a sus seres queridos.
En nuestro país, el tema del mantenimiento de la infraestructura pública es un cuento de nunca acabar, una ‘historia vieja’ que se repite ‘un viaje de’ veces. ¿Cuántas veces hemos visto noticias de calles deterioradas, filtraciones o, precisamente, alcantarillas sin tapa en diferentes puntos de nuestras ciudades? La falta de supervisión y la lentitud en la respuesta de las autoridades municipales es algo que a menudo ‘nos saca de quicio’. Los ciudadanos pagan sus impuestos con la expectativa de que servicios básicos como el mantenimiento vial sean una prioridad, no un lujo.
La importancia de una acción ‘de una vez’ no puede subestimarse. Dejar este tipo de problemas en el limbo es jugar con la vida de la gente, y eso no ‘está de lo más bien’. Es un llamado urgente a las autoridades correspondientes para que se pongan las pilas y actúen antes de que un suceso lamentable sea el detonante para, entonces sí, prestarle atención. La seguridad ciudadana y la prevención de accidentes son pilares fundamentales de una gestión municipal responsable, y en este caso, la comunidad de Santiago está pidiendo que se haga lo que se tiene que hacer, sin ‘chivos expiatorios’ ni dilaciones.
Este incidente particular frente al Cabral y Báez sirve como un crudo recordatorio de que la infraestructura urbana, por simple que parezca, tiene un impacto directo en la calidad de vida y la seguridad de todos. No es solo un hueco en la calle; es un símbolo de una falla sistémica que demanda una revisión profunda de cómo se gestionan y mantienen nuestros espacios públicos. La gente está cansada de estas ‘vainas’, y solo esperan que sus voces sean escuchadas para que situaciones como estas no vuelvan a poner en riesgo a ningún dominicano.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



