¡Dígame a quién no le ha pasado una vaina así! Imagínate tú, a finales de los 90, con esa fiebre de Internet arrancando, un fan borracho de Van Halen, ¡un tipo que estaba en un ‘coro’ bien chévere!, llama al soporte técnico de Microsoft. ¿El asunto? Quería hablar con el mismísimo Bill Gates. Esta historia, que parece sacada de un guion de película, nos la cuenta Raymond Chen, un ingeniero veterano de la ‘Big Tech’, y es de esas que te dejan diciendo ‘¡En serio!’
Asegún el relato de Chen, un compañero suyo estaba atendiendo la línea de soporte para Microsoft FrontPage, esa herramienta bacana de edición HTML que muchos tigueres viejos recordarán del Office de la época. El cliente, un fan borracho y aficionado a Van Halen, estaba montando una web de su banda favorita y tenía un problema: un applet de Java que se negaba a reproducir música. El plugin del navegador no colaboraba, y, aunque no era un fallo de FrontPage, el técnico le puso ‘corazón’ para ayudarlo, porque la verdad es que uno siempre quiere ‘bregar’ con el cliente.
Pero mira la cosa, que la situación se fue poniendo ‘jevi’ a medida que la llamada avanzaba. El operador, con una oreja fina, distinguía el tintineo del hielo en el vaso del tipo, señal inequívoca de que el alcohol estaba haciendo su trabajo. ¡La vaina se estaba poniendo caliente! El fan seguía insistiendo con el problema de la música, pero cada vez más ‘prendío’ y menos coherente. Un verdadero ‘relajo’ que el técnico estaba manejando con la paciencia de un santo, esperando que el tipo se ‘comportara’.
De repente, el cliente, ya con los tragos encima, explotó en improperios, acusando al técnico de no ser un ‘verdadero fan de Van Halen’. ¡Qué pleito! El operador, firme y profesional, le advirtió que si seguía con los insultos, le colgaría. Fue ahí que el usuario, en su desesperación y con el ‘tigueraje’ a flor de piel, soltó la bomba que nadie se esperaba: ‘¡Quiero hablar con Gates!’. Imagínate la sorpresa del pobre técnico con semejante ‘atrevimiento’.
Hoy día, ni de chercha uno llama al soporte de Apple y pide hablar con John Ternus, ¿verdad que no? Es como pedirle una ‘habladera’ a un jefe de estado. Pero a finales de los 90, con Bill Gates como el ‘mismo jefe’ y cara visible de Microsoft hasta el 2000, pedir hablar con él no era tan descabellado. La gente sentía que él era el ‘dueño del bate’ y el que resolvía todo, la ‘cabeza de la compañía’. La noticia nos recuerda que Microsoft era el ‘monstruo’ tecnológico de entonces, y su ‘capitán’ era una figura pública omnipresente.
Lo que no sabía el ‘pana’ borracho, y la mayoría de los usuarios insistentes, era que el departamento de soporte de Microsoft tenía un truco ‘chulo’ bajo la manga para manejar esos casos tan complicados. En lugar de colgar, o realmente pasarle a Gates (¡como si el hombre no tuviera ‘vaina’ más importantes que resolver, con la justicia antimonopolio respirándole en la nuca!), los desviaban a un número interno. Allí, otros operadores, actuando como la ‘Oficina de Bill Gates’, les informaban que ‘el jefe’ no estaba, pero que dejarían el recado y él se enteraría. ¡Un verdadero ‘bacaneo’ de estrategia!
Días después, otro técnico llamaba al usuario, diciendo que ‘Bill Gates le había pedido que diera seguimiento a su problema’. Así, el cliente se quedaba con la satisfacción de que el gran Gates, de alguna forma, se había enterado de su ‘lío’. Raymond Chen no sabe qué pasó con el ‘fan borracho’ de Van Halen, ni si su applet llegó a funcionar alguna vez. Pero esta historia es un testimonio de cómo la ‘Big Tech’ de antaño, incluso con sus líos y pleitos, sabía meterle un ‘toque dominicano’ a la atención al cliente, aunque fuera con un truco bien pensado. ¡Una verdadera joya de anécdota que nos hace recordar esos tiempos!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




