¡Qué vaina, mi gente! El Sector Honduras, ese emblemático pedazo de tierra que muchos recordamos como un lugar planificado y tranquilo, está hoy sumido en un caos urbano que da pena y dolor. Desde tempranito, a las 9:00 de la mañana de ayer jueves, ya era imposible encontrar un metro de acera libre. Según la noticia, la degradación de este sector es tan palpable que parece que todo se fue cuesta abajo de una vez, producto de talleres improvisados, montones de basura y un centro de acopio municipal que nadie le para.
La situación, de acuerdo al reporte de Listín Diario, es un reflejo amargo de cómo la informalidad se ha adueñado del espacio público. Talleres de mecánica, puestos de ‘coge pinches’ y venta de chatarra vehicular han secuestrado las calles, obligando a los transeúntes a caminar arriesgándose entre los carros. Es un ‘tigueraje’ que asfixia la vida comunitaria, dejando a los peatones en una situación de lo más incómoda y peligrosa, casi que ‘cogiendo el monte’ por la acera.
Sociólogos y urbanistas, como bien apunta la nota, coinciden en que este desorden no salió de la nada; es el resultado de décadas de permisividad y desatención oficial. El sector Honduras fue diseñado en 1969, durante los primeros años del reconocido periodo de los ’12 Años’ de Balaguer, con un concepto de viviendas de baja y mediana densidad. Pero con el tiempo, su ubicación estratégica cerca de avenidas importantes y recintos como la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), colegios y otras universidades, impulsó una expansión comercial sin control, transformando por completo su esencia.
Las calles internas de Honduras, que jamás se concibieron para un tráfico pesado, ahora soportan el trasiego de camiones y un viaje de vehículos parqueados por doquier. La noticia subraya que los mismos propietarios han levantado anexos y marquesinas, devorando lo poco que quedaba de paso peatonal. Además, los bloques multifamiliares de los años 70 no preveían la cantidad de carros que tienen las familias hoy, lo que estrangula el tránsito en las horas pico, dejando un ‘coro’ de embotellamiento a cada rato.
El mercadito municipal, que en su momento fue rescatado y formalmente inaugurado en julio de 2017 por el entonces alcalde David Collado con una inversión superior a los 23 millones de pesos, hoy opera a una mínima fracción de su capacidad. La competencia con grandes supermercados y el mismo caos del entorno, sumado a la falta de parqueos y la suciedad, han espantado a la clientela. Es una ‘chercha’ ver cómo aquel proyecto, que prometía tanto, está ahora en un penoso estado de semiabandono, afectando la economía local de los que allí trabajaban.
La falta de un régimen de consecuencias claro y permanente por parte de la Policía Municipal y la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT) es lo que tiene a los residentes en un brete. Se quejan, como la estudiante Elvira María Heredia, quien dice que transitar por allí es una odisea, o el señor ‘Bielo’, quien con resignación afirmó: ‘Este es el diario vivir de la gente aquí… parece que ya a nadie le importa nada’. Es una situación que mantiene en vilo a los comunitarios, quienes a pesar de mostrar cierta resignación, claman por una intervención definitiva que le devuelva la dignidad al sector.
Según la noticia, aunque la Alcaldía del Distrito Nacional, bajo la administración de la alcaldesa Carolina Mejía, ejecuta operativos intermitentes de mantenimiento, los comunitarios denuncian que esto es ‘pa’ los cocos’ si no hay una intervención de fondo. Los ‘piperos’ famélicos en el parquecito infantil y la agitación constante, como bien decía el inolvidable locutor Manuel Antonio Rodríguez –“Rodriguito”– en su programa ‘El Informador Policiaco’, demuestran que la vida no se detiene, pero el desorden tampoco. ¡Ya es tiempo de ponerle un freno a esta vaina!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




