¡Klk, gente! Aquí en Quisqueya, con un crecimiento y estabilidad envidiables, tenemos una oportunidad de oro. El economista Federico Sturzenegger advierte que no podemos esperar una crisis para hacer las reformas económicas que nos urgen. Lo bacano, dice, es meterle mano ahora mismo, sin esperar a que la vaina se ponga fea.
La advertencia del experto es clara: cualquier cambio puede irse al garete si no se le quita el poder a los grupos que se benefician de regulaciones viejas. Esos, con sus privilegios, se oponen al progreso. Sturzenegger subraya que la clave para que una reforma eche raíces es diluir las ‘rentas’ que usan los agentes bloqueantes para perpetuar su ‘tigueraje’. Sin quitarles esa capacidad, la reforma es como un castillo de arena.
Reformar no es solo cambiar una ley y ya. La resistencia puede venir hasta de la burocracia, terca como una mula. Sturzenegger explica que puedes eliminar una regulación, pero si no estás vivo, de una vez sacan nuevas disposiciones, chiquitas, que reconstruyen lo desarmado. Es un juego del gato y el ratón donde los interesados se la buscan para no perder sus ‘cuartos’.
Para entender la vaina, Sturzenegger citó el caso argentino de los ‘piquetes’. Por años, las calles de Buenos Aires eran un relajo con protestas masivas. Mucho venía de un sistema donde el gobierno daba recursos a organizaciones intermediarias, que luego se los daban a beneficiarios de ayudas. El ‘coro’ era que exigían participar en marchas, amenazando con quitar la ayuda. ¡Un abuso!
El gobierno de Milei metió un cambio bacano: eliminó esos intermediarios y mandó los cuartos directamente a los beneficiarios. La gente recibió más dinero, recuperó su tiempo. Las organizaciones de los piquetes perdieron su financiamiento y poder. ¡El resultado, según el experto, fue que los piquetes desaparecieron de Buenos Aires en un santiamén! Una solución efectiva para quitar ‘la renta’ y el control.
Aunque Sturzenegger comparte experiencia argentina, la lectura para RD está de frente. El desafío es identificar quiénes se benefician de la norma, cuánta ‘renta’ les genera y su capacidad para bloquear la reforma. Si no hacemos esa tarea, es echar agua en canasta: la reforma se aprueba, pero al poco tiempo vuelve a su estado anterior por nuevas disposiciones o presión del ‘tigueraje’ político.
El economista insiste en que el reto actual es impulsar las reformas sin esperar una crisis. Para RD, en un buen momento, esto significa aprovechar la coyuntura para anticipar problemas y no dejar que la vaina se ponga color de hormiga. El riesgo de esperar es que, al decidirnos, las opciones sean menos y el costo social mucho más elevado.
El desafío final es que las reformas no sean una vaina de un solo gobierno. Si cada nueva administración puede revertir lo hecho, la incertidumbre persistirá y los incentivos para invertir se reducirán. La sostenibilidad, según el experto, exige que las reformas modifiquen los incentivos económicos y políticos que mantienen el sistema viejo. No basta con aprobarlas; hay que quitarle al sistema anterior esa capacidad de reconstruirse. ¡Hay que estar pilas con esa vaina!
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