¡Ay, mi gente! En San Francisco de Macorís, la vaina se ha puesto jevi con un tigueraje de motoristas que están sembrando el caos y el pánico en las principales vías de la ciudad. Particularmente en las avenidas Libertad y Frank Grullón, que son dos de las arterias más importantes, se arma un coro de competencias clandestinas que tienen a todo el mundo con el Jesús en la boca. Conductores y peatones no saben dónde meterse, porque estos motoristas se creen dueños de la calle, haciendo sus ‘circuitos’ a diestra y siniestra, y hasta transmitiendo sus fechorías en vivo por las redes. La situación en San Francisco de Macorís clama por una intervención de una vez.
Este relajo no es una chercha cualquiera; es un desafío abierto a las normas de tránsito que pone en peligro a un viaje de gente. Con motos de alto cilindraje y velocidades de vértigo, estos muchachos no le paran a nada. Y lo peor del caso es que este fenómeno, aunque bien marcado en SFM, no es exclusivo de allá; es un mal que se riega por varias ciudades del país, donde el “teté” de las calles se confunde con la imprudencia y la falta de supervisión. La ausencia de espacios adecuados para los amantes de la velocidad lleva a muchos a buscar la adrenalina en las calles, convirtiendo la vía pública en un riesgo constante para el ciudadano común.
La preocupación se siente no solo en las calles, sino también en las redes sociales, donde los francomacorisanos están que echan chispas, pidiendo a gritos que las autoridades metan mano. Estas concentraciones se dan especialmente los fines de semana, cuando el flujo de gente es mayor, lo que aumenta aún más el riesgo de accidentes fatales. Este tipo de tigueraje afecta la imagen de la ciudad y el día a día de sus habitantes, desde el que va a la iglesia hasta el que sale a echar un pie o simplemente a hacer sus diligencias.
Es imprescindible que la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) y la Policía Nacional se fajen de verdad con este problema. No es solo poner multas; es hacer presencia, educar y, si es necesario, aplicar la ley con todo el peso que amerita la situación. ¿Hasta cuándo vamos a seguir con esta vaina de que cada fin de semana las calles se convierten en pistas de carreras? Se necesita una estrategia sostenida, no solo operativos de un día. La seguridad vial es un derecho, y la irresponsabilidad de unos pocos no puede seguir poniendo en jaque la tranquilidad de la mayoría.
El bienestar de la comunidad está por encima de cualquier deseo de adrenalina o exhibicionismo. Es un llamado a la conciencia, tanto de los motoristas como de las autoridades, para que trabajen juntos en encontrar soluciones que permitan la convivencia pacífica y segura en las vías. La inacción podría tener consecuencias trágicas, y nadie quiere lamentar pérdidas que pudieron haberse evitado con una acción a tiempo. La responsabilidad es de todos: de los que manejan, de los que legislan y de los que deben hacer cumplir las reglas.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




