La historia de Carlos Peña, ese bateador de 286 jonrones en Grandes Ligas, arranca en Santo Domingo, en la Clínica Chan Aquino. Es la típica historia dominicana donde el béisbol se cuela en la cuna, pero en el caso de Carlos Peña, este ‘tígere’ de una vez tuvo claro que la educación tenía que ir de la mano con cualquier sueño deportivo, una filosofía que mantiene hasta el día de hoy.
Nacido un 17 de mayo de 1978, Peña creció en un hogar donde el estudio no era un lujo, sino una base sólida. Su padre, un ingeniero electromecánico, y su madre, contable y profesora, le inculcaron desde chiquito que la preparación académica era tan vital como cualquier otra aspiración, marcando desde temprano un camino diferente para el futuro toletero.
A sus 12 años, la vida de Peña dio un giro cuando su familia se mudó a Estados Unidos. Ese cambio no fue una vaina cualquiera, sino un viaje cultural y lingüístico que lo obligó a adaptarse a un nuevo sistema educativo. Mientras el béisbol empezaba a tomar forma como una posibilidad real, la idea de seguir los pasos de su papá en la ingeniería también rondaba en su cabeza, mostrando ya su doble vocación.
Según la entrevista en la sección Palco de Grandes Ligas, conducida por Héctor J. Cruz del Listín Diario, Peña confesó que “quería seguir sus pasos como ingeniero electromecánico, quería estudiar y prepararme como él”. Esa aspiración lo llevó a inscribirse en Ingeniería Eléctrica en Northeastern University en Boston, demostrando que su compromiso con los libros era tan serio como su pasión por la pelota.
Pero, como dice el dicho, el béisbol tiene otros planes. En 1998, los Rangers de Texas lo seleccionaron con el décimo turno del draft, una llamada que, según la noticia, fue un palo ‘jevi’ y le cambió la vida de una vez por todas. La decisión de perseguir el sueño profesional implicó pausar sus estudios, pero, como se vería más tarde, no un punto final a su formación académica.
Tras una exitosa carrera de 13 temporadas en las Grandes Ligas, Carlos Peña demostró que su sed de conocimiento no se había apagado. Volvió a las aulas con la misma disciplina que aplicaba en el terreno, para seguir cultivando su mente. Este retorno a los estudios es un ejemplo claro de que para él, aprender no era solo un paso, sino un estilo de vida continuo.
La noticia detalla que, con el tiempo, Peña cambió de enfoque académico y completó estudios relacionados con Ciencias, Artes Liberales y Estudios Generales. Pero la cosa no se quedó ahí, pues ‘actualmente’ ha continuado su preparación en áreas vinculadas con inteligencia artificial. Él mismo lo explicó: “Cuando terminé de jugar no sentí que había terminado de aprender. Al contrario, sentí que tenía más curiosidad que nunca”.
Ese Carlos Peña, el académico, ‘convive hoy’ con el ejecutivo del Escogido y con su rol de padre de tres hijos: Nicolás, Mateo e Isabela. Sus dos varones han desarrollado una conexión con el béisbol, especialmente Nicolás, quien según la noticia, aspira a ser firmado. Es un cuadro familiar donde la pasión por el juego sigue presente, pero siempre con la brújula de la preparación.
En la crianza de sus muchachos, Peña replica el ejemplo de sus propios padres. La noticia resalta su mensaje: “Yo quiero que mis hijos persigan sus sueños, pero también quiero que entiendan que tienen que prepararse para la vida, porque uno nunca sabe dónde lo va a llevar el camino”. Un ‘bacano’ completo que entiende que el éxito va más allá del terreno, una vaina de verdad.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!



