¡La vaina está seria! Un llamado de atención contundente ha surgido desde el ámbito médico dominicano, y es que un reconocido neurocirujano ha puesto el grito en el cielo por el alarmante incremento de lesiones medulares entre la juventud del patio. Según el reporte, este mal se debe principalmente a las peligrosas carreras clandestinas de motocicletas que, al parecer, se han vuelto una moda entre el tigueraje de la autopista Duarte. Esta situación, según el neurocirujano Roberto Franklin Abreu, quien funge como jefe de la Unidad de Neurocirugía del Hospital Profesor Juan Bosch, allá en La Vega, es un verdadero dolor de cabeza.
El neurocirujano, de acuerdo a la noticia, compartió sus preocupaciones durante el X Congreso Nacional de la Sociedad Dominicana de Cirugía de Columna y el V Curso Internacional de la Sociedad Iberolatinoamericana de Columna. Explicó que la realidad que enfrentan es cruda: su hospital recibe semanalmente entre uno y tres pacientes con traumas raquimedulares, y lo más lamentable es que la mayoría son jóvenes de 20 a 30 años. Este tipo de lesiones no solo truncan vidas, sino que también generan un impacto devastador, dejando a muchos con paraplejia, tetraplejia, o incluso, lamentablemente, quitándoles la vida.
Abreu enfatizó que, en estos casos, cada segundo cuenta. Una actuación adecuada de una vez, en los primeros minutos después del accidente, puede hacer una diferencia brutal en el pronóstico del paciente. Él recomienda llamar de inmediato al 9-1-1, asegurarse de que la persona respire bien, controlar cualquier hemorragia que se vea, y, lo más importante de todo, ¡ojo con cómo se mueve al accidentado! Aseguró que una movilización inadecuada puede agravar la lesión medular hasta en un 30%, lo que nos dice que a veces, por querer ayudar de más, uno puede terminar haciendo un daño irreversible.
Para colmo de males, muchos de estos accidentados no solo se guayan la columna, sino que también sufren traumatismos craneoencefálicos. Esta combinación, según el especialista, aumenta un viaje la posibilidad de que las secuelas sean permanentes y de lo más severas. Imagínese usted, algunos pacientes terminan en estado vegetativo, necesitando ventilación mecánica por mucho tiempo o quedando con discapacidades tan graves que les impiden volver a su vida normal, tanto en lo laboral como en lo social. Es una situación que le parte el alma a cualquiera.
El impacto no se queda solo en la salud del paciente y su familia. Abreu también destacó la carga económica que esto representa para el Estado y las aseguradoras de salud. Un paciente con una lesión medular completa, por ejemplo, puede pasar hasta dos meses hospitalizado y desarrollar un sinnúmero de complicaciones, como neumonías, infecciones urinarias y úlceras por presión. Esto es una ‘chercha’ para los recursos públicos, que tienen que asumir gastos altísimos que se podrían evitar con más prevención y conciencia.
Ante este panorama tan desalentador, el neurocirujano hizo un llamado enérgico a la juventud para que deje la ‘vaina’ de las carreras clandestinas. También exhortó a los padres a que le pongan un ojo a sus hijos y a las autoridades a que refuercen los controles para evitar estas prácticas tan arriesgadas. La educación y la prevención, según sus palabras, son el as bajo la manga para evitar que estas lesiones ocurran, porque, como bien sentenció: “Las secuelas de estas lesiones permanecen para toda la vida”. Es hora de hacer conciencia, mi gente, antes de que sea demasiado tarde.
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