Moana live-action: ¿Una ‘chulada’ o una ‘vaina’ sin alma?

¡Klk gente! Disney ha vuelto a las andadas con esa vaina de los live-action, y ahora le tocó el turno a nuestra querida ‘Moana’. La verdad sea dicha, hay una fiebre de estos remakes que, asegún uno ve, no siempre prenden. Esta versión de la ‘Moana live-action’, con Dwayne Johnson de nuevo como Maui, promete la misma magia, pero la crítica internacional ya está hablando de un coro medio flojo, y aquí, desde el patio, nos pica la curiosidad: ¿vale la pena o es un intento sin fundamento de revivir algo que ya era perfecto?

Recordemos la ‘Moana’ original, esa chulada animada que nos voló la cabeza hace casi diez años. Fue una pieza magistral, un ‘viaje de’ creatividad que fusionó una narrativa potente con una animación de primer nivel, y ni hablar de las canciones de Lin-Manuel Miranda, que sonaban por todos lados. Esa película no solo fue un éxito de taquilla, sino que se convirtió en un referente cultural, celebrando la rica herencia polinesia de una manera vibrante y auténtica. Los maestros Ron Clements y John Musker nos regalaron una heroína inolvidable y un universo visual que te dejaba boquiabierto.

Ahora bien, la tendencia de Disney de sacar versiones de acción real de sus clásicos ya está de lo más bien arraigada, y el dinero que mueve esa vaina es pa’ que se respete. Pero, ¿a qué costo? Muchas de estas adaptaciones, a pesar de sus números en taquilla, se sienten como un tigueraje sin alma, una copia descafeinada del original. Con ‘Moana 2’ animada que no terminó de cuajar del todo y ahora esta nueva versión de acción real dirigida por Thomas Kail, la sensación es que están exprimiendo la franquicia hasta el último zumo, sin aportar nada nuevo o verdaderamente innovador a la historia.

Lo que más choca de esta nueva ‘Moana live-action’ es que, asegún los que la han visto, es casi un calco plano por plano, nota por nota, de la película animada. Y eso no es na’ de chévere. La magia de la animación radica en su libertad ilimitada; puede hacer que un semidiós cambie de forma de la manera más fantástica o que un cangrejo gigante cante y baile sin que se vea forzado. Intentar replicar eso con actores reales y efectos especiales, a veces, le quita el ‘bacano’ original, transformando lo que era un ingenio animado en algo que roza la parodia, perdiendo esa chispa que hacía única a la película original.

La transposición de personajes como Maui, con sus tatuajes que se movían solos, o el gallo Heihei, un demente entrañable, al formato real, simplemente no funciona igual. Lo que en el dibujo animado era un despliegue de imaginación y creatividad, en acción real se siente como una vaina forzada y, en ocasiones, hasta ridícula. Los piratas coco, los Kakamora, que eran tan chulos en la primera, ¿realmente necesitaban una versión más ‘realista’? La respuesta es un rotundo no; parte del encanto era precisamente su caricaturización.

Claro, no todo es malo en esta nueva versión. Se aplaude la elección de Catherine Lagaʻaia como Moana, quien, dicen, canta de maravilla y le mete una energía vital al personaje. El océano, con el esplendor digital de hoy día, se ve más azul que nunca, y la recreación de Motunui, la isla natal, le da un toque más tangible y auténtico a la cultura polinesia que la original homenajeaba. Ver a John Tui como el jefe Tui es un punto alto, aportando una conexión real con las raíces tonganas y neozelandesas, algo que siempre es ‘jevi’ de ver.

Sin embargo, la mayoría de las veces, el salto de la animación a la acción real representa una pérdida irreparable. El personaje de Tamatoa, el cangrejo gigante, cuya canción ‘So Shiny’ era un ‘punto alto’ del original, aquí parece estar montado de la manera más torpe. Ni la presencia de La Roca, un ‘tiguerazo’ que le cae como anillo al dedo a Maui, logra recapturar la chispa y el dinamismo del personaje animado. Puede que Johnson ya esté en otra faceta de su carrera o simplemente el ‘tigueraje’ animado es insuperable para un actor de carne y hueso, por más grande que sea.

En un momento donde los mitos marineros están de moda con películas como ‘La Odisea’ de Christopher Nolan en el horizonte, uno esperaría que Disney se pusiera las pilas y apostara por la frescura. Con una tercera película animada de Moana en desarrollo, se siente que la franquicia necesita explorar aguas nuevas, cuentos que no sean meras repeticiones. Es hora de dejar el ‘refrito’ y buscar nuevas historias que nos hagan decir: ¡esa sí es una vaina que vale la pena ver!

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