¡Uf, qué arranque de final! Los Metros de Santiago han demostrado por qué son unos ‘tigueres’ de la cancha, dándole un ‘palo’ de esos que calan a los Gigantes de San Francisco de Macorís con un 92-89 que dejó a todo el mundo con el corazón en la boca en la Gran Arena del Cibao. Es que ver cómo los Metros de Santiago, la tropa aguerrida de la Ciudad Corazón, lograron remontar una desventaja de 14 puntos en la segunda mitad no es poca ‘vaina’. Los de Santiago se metieron en cintura, le metieron presión a la defensa y supieron capitalizar el ‘viaje’ de balones que perdieron los Gigantes, que llegaron a las 20 pérdidas, ¡una barbaridad para un juego de esta categoría!
La remontada de los Metros no fue pura casualidad; se notó el trabajo defensivo que ajustaron de una vez en el intermedio. Mientras los Gigantes se fueron al descanso con un cómodo 53-39, pensando quizás que la cosa estaba de lo más bien, los Metros salieron con otra cara, demostrando que en una final de LNB no hay ‘na’ escrito hasta que pita la bocina. Esta capacidad de ajustar y de no ‘coger la baja’ a pesar de las adversidades es lo que distingue a los equipos campeones, y los Metros, con su historia en la liga, saben un ‘chorro’ de eso. Esos últimos parciales, 25-22 y 28-14 a favor de los Metros, lo dicen todo; le dieron la vuelta a la tortilla de una manera ‘bacana’.
Los que se lucieron en la cancha, sin lugar a dudas, fueron Jhery Matos y Omar Silverio. Matos con 23 puntos, siete rebotes y ocho asistencias, y Silverio agregando 19 tantos, fueron el motor ofensivo que mantuvo a los Metros con vida. Pero no podemos olvidar el aporte de Juan Guerrero con 16 puntos y ocho rebotes, y la experiencia del ‘capitán’ Adris de León, que siempre aparece en los momentos clave con sus 10 unidades. Estos muchachos, con su ‘tigueraje’ en la cancha, supieron cómo manejar la presión y meter los puntos cuando más se necesitaba, en un ambiente que, asegún dicen, estaba prendío como un fuego artificial.
Esta victoria inicial es crucial porque le da a los Metros no solo una ventaja temprana en la serie final, sino también una inyección de moral para lo que viene. Enfrentarse a los Gigantes, que también tienen un ‘coro’ bien armado con jugadores como Francis Fitzgerald, Charles Brown Jr. y Juan Miguel Suero, siempre es un desafío. Ganar el primer juego en casa es un paso gigante, ya que te permite respirar un poco antes de visitar el patio ajeno, donde la presión del público y la necesidad del otro equipo se sienten aún más fuertes. La LNB siempre nos regala estas series reñidas, donde cada posesión, cada rebote, cada tiro libre cuenta un ‘mundo’, y este inicio promete una final de ‘película’.
Ahora la ‘vaina’ se muda para San Francisco de Macorís, donde los Gigantes buscarán empatar la serie en su casa, el techado Mario Ortega. Sabemos que allí el ambiente será una ‘chercha’ total, con la fanaticada macorisana apoyando a los suyos hasta más no poder. Los Metros tendrán que salir con la misma intensidad y concentración, o incluso más, si quieren mantener la ventaja. Será interesante ver qué ajustes plantean los Gigantes para evitar las pérdidas de balón y cómo intentarán neutralizar a los ofensivos de Santiago. Este ‘juego de ajedrez’ entre los coaches y los jugadores es lo que hace que el baloncesto dominicano sea tan ‘chulo’ y apasionante.
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