La comunidad artística y musical de Latinoamérica está de luto, y es que este miércoles nos dijo adiós Piero, ese cantautor argentino que fue una ‘figura de peso’ en la música popular. Según el reporte, falleció a sus 81 años en Buenos Aires, dejando un legado ‘jevi’ de letras y melodías que trascendieron fronteras. La historia de Piero es una de esas ‘vainas’ que te ponen a pensar, pues el hombre dejó su camino en el sacerdocio para dedicarse de lleno al canto, marcando a un ‘viaje de gente’ con su arte y su compromiso social.
Nacido como Piero Antonio Franco De Benedictis en Galípoli, Italia, en 1945, llegó a Argentina con apenas tres añitos. La vida lo llevó a iniciarse en la música en Allen, Río Negro, pero lo que poca gente sabe es que antes de eso, este artista ‘con to’ y to” estuvo en un seminario católico. La ‘chercha’ de la vocación musical fue más fuerte, y en 1963, decidió cambiar los hábitos por los escenarios, mudándose a Buenos Aires. En enero de 1964, se la buscó ‘de una vez’ debutando en el programa televisivo ‘Remates musicales’, dando inicio a una carrera brillante.
El ‘tigueraje’ de Piero no se quedó ahí. En 1968, conoció a José Tcherkaski, un compositor con el que formó una dupla explosiva que produjo éxitos que sonaban ‘bacanos’ en América y Europa. ¿Quién no ha cantado o escuchado ‘Mi viejo’ o ‘El jardín de los sueños’? Esos temas se volvieron himnos, demostrando el talento y la conexión que estos dos tenían con el sentir de la gente. Era una química especial que hizo que sus canciones se metieran en el corazón de todo el mundo.
Pero la vida de Piero no fue solo ‘música y ya’. A principios de 1976, la situación política en Argentina lo obligó a tomar una decisión difícil. Tras el golpe militar, y después de lanzar canciones de protesta como ‘Para el pueblo lo que es del pueblo’ y ‘Que se vayan ellos’ –que eran ‘un palo’ en ese momento–, se vio forzado al exilio. Esa ‘vaina’ de tener que dejar tu patria por tus ideales debe ser ‘dura’, pero Piero encontró refugio primero en España, donde compró un molino, y luego en Bogotá, Colombia, país que le otorgó la nacionalidad en 1994, creando un vínculo ‘súper chulo’ con esa nación.
A finales de 1981, Piero regresó a Buenos Aires con una propuesta de paz interior, amor y solidaridad, plasmada en su disco ‘Calor humano’. Sin embargo, en un momento dado, se alejó de los escenarios para concentrarse en su Fundación Buenas Ondas, dedicada a generar acciones de ayuda a la niñez y la adolescencia. Ese era un lado de Piero que muchos admiraban, su compromiso con los más jóvenes y con la construcción de un mejor futuro, demostrando que su ‘lucha’ no era solo con la música.
No fue hasta el 2000 que el cantautor retomó su labor musical ‘a to’a’. En 2001, lanzó el disco ‘Canciones blindadas’ y se lanzó en una gira exitosa por Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica, donde más de 150,000 espectadores vibraron con su música. Su compromiso social se mantuvo firme, apoyando en 2008 la marcha por las víctimas del paramilitarismo en Colombia, y participando activamente en la política, haciendo campaña por Gustavo Petro en varias ocasiones, incluyendo las elecciones de 2022, cuando, según la noticia, este fue elegido presidente de Colombia. También impulsó el ‘sí’ en el plebiscito sobre el Plan de Paz del entonces presidente Juan Manuel Santos.
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